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 Relatos Mios 2 "ROCK"

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Maestro Oblidemon
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MensajeTema: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:36 pm

Este tambien lo basé en FMA, es que es
mi pasion !

Los aplausos resonaron al unísono como un
estruendo avasallador entre las ocho paredes oscuras que conformaban el
pequeño antro. Una masa de personas, aullidos, gritos, silbidos, sudor,
cabellos alborotados y coloridos, saltos y cerveza arrojada por los
aires conformaba, al igual que todas las noches del penúltimo día de la
semana, el saludo final que su público le dedicaba apenas terminada su
última canción. De los altavoces se escuchó una despedida casi
ininteligible, y unos pocos, desprevenidos, se dirigieron tambaleantes
hacia las estrechas escaleras de hierro que los llevarían a la salida,
aún exaltados por los efectos del alcohol y la música. El resto,
probablemente fanáticos y asiduos seguidores, aguardaron con escasa
paciencia lo que bien sabían que sucedería. No precisaron esperar
demasiado antes que las luces se reencendieran, descubriendo con sus
destellos multicolores una centena de jóvenes exaltados, deseosos por
dar comienzo al ritual que infaltable seguía cada concierto. Se
deshicieron de sus ropas de cuero tan rápido como se arrojaron unos
sobre otros, ignorando todo género y edad, belleza o fealdad, pues lo
único que sus sentidos discernían en ese momento era la necesidad de
satisfacer su sed de lujuria provocada por los excesos de las drogas y
el rock.

Envy observaba aquél espectáculo desde una esquina oscura y solitaria,
con un cigarro y una botella de cerveza como únicos acompañantes. Sabía
que si se exponía a la luz, no tardarían en echársele encima y violarlo
entre cinco o seis y, aunque como líder de la banda no había sido otro
sino él mismo el de la idea de instaurar semejante costumbre luego de
sus recitales, ese día no sentía ni la menor gana de lanzarse a tal
desenfreno. Buscó vagamente con la mirada y, tras unos minutos, logró
hallar a Greed entre la multitud: se encontraba sentado al borde del
escenario, sus ojos bailando de un lado a otro, intentando esconder
patéticamente y sin éxito el hecho de que se estaba masturbando bajo el
pantalón.

El muchacho bufó, molesto, a sabiendas de que si su pareja, si es que se
podía llamar así, no sospechara que él lo estaba vigilando de lejos, se
lanzaría a los brazos de la primer persona que le pasara por delante.
Porque después de todo, así era Greed. Más allá de sus incansables
esfuerzos por establecer una relación medianamente formal, era imposible
ocultar que se moría de ganas por entregársele a cualquiera. Envy lo
sabía porque él era exactamente igual, cosa que lo llevaba a preguntarse
una y otra vez qué demonios se le había cruzado por la cabeza a la hora
de comenzar su amorío.

Se abrió paso entre el enardecido público, esquivando y dando puñetazos a
más de una nariz, hasta que logró alcanzar la salida. Respiró aliviado
una vez en la calle desierta, la cual lo recibía con un viento helado
que le caló los huesos, pero también con la promesa de alejarlo por unos
instantes de aquel mundo bullicioso y desmedido. La falta de aullidos y
ese movimiento constante de cuerpos le resultó tan sedante que terminó
por echarse a los pies de un portón vecino, sin haberse percatado
anteriormente que a pocos metros suyos se encontraba un joven sentado en
el suelo. Permaneció un largo rato observándolo, embobado por el
singular detalle de la luz amarillenta de los faroles centelleando en
algunos de sus mechones rubios. Parecía estar también algo ausente, su
mirada fija en quién sabe qué cosa. Entonces, emitiendo una especie de
quejido, giró su cuerpo en dirección a Envy, revelando un rostro cargado
de agotamiento que éste, más allá de considerarlo extremadamente bello,
creyó descubrir en él algo tan atroz que lo hizo acercársele de un
salto y tomarlo de las mejillas para inspeccionarlo, sin que el supuesto
extraño, a causa de su estado de embriaguez, se alterase en absoluto.
Ojos dorados, cabellos finos y blondos, y esas facciones tan únicas e
inconfundibles. Tragó saliva, apenas pudiendo pronunciar las palabras
que con tanto esfuerzo salieron de su garganta: —Tú... ¿qué haces
aquí?—preguntó quedamente, sin obtener respuesta. Lo zamarreó, indagando
una y otra vez acerca de su presencia, hasta que un destello de razón
le hizo concluir que encontrándose tan borracho como estaba, ni él debía
saberlo. Pero ya casi no le cabía ninguna duda, pues el rostro de su
medio hermano había permanecido en su memoria como una fotografía clara e
inalterable por el paso del tiempo. Se habían conocido varios años
atrás, cuando éste apenas acababa de cumplir los once años, durante la
última y desagradable ocasión en la que había visitado al maldito de su
padre.

—Edward...—musitó su nombre con tanto asco que el muchacho finalmente
pareció tener una leve reacción, sufriendo una especie de
estremecimiento.

Lo sujetó fuertemente del cuello de su chaqueta, arrastrándolo hasta un
callejón sombrío, balbuceando que qué carajo estaba haciendo allí, y
quién mierda se creía para estar siguiéndolo. Nadie transitaba por allí
en el momento en que comenzó a desgarrarle las vestimentas con una
pequeña navaja que guardaba en su bolsillo, con el único deseo de
apuñalarlo y abandonar su cadáver desnudo allí mismo. En pocos minutos,
ya había hecho trizas su chaqueta ajustada y su pantalón de vinilo
negro, sin prestar el más mínimo cuidado en evitar cortarlo. El joven se
defendía inútilmente de las continuas tajaduras, dando manotazos en el
aire mientras Envy se ocupaba de arrancarle lo poco que le quedaba de
ropa. Podría haber reído hasta quedarse sin aire frente a la divertida
situación que le mostraba su visión borrosa, pero en lugar de ello, su
ira aumentaba más y más tras cada instante. Presa de la cólera más
profunda, lo tomó de los cabellos ya algo ensangrentados, y lo arrojó
boca abajo sobre el pavimento, bajándose la cremallera y preparándose
para humillarlo de la mejor forma que conocía.

—Déjame... déjame...—logró pronunciar finalmente el agredido al sentir dos dedos introduciéndose violentamente en su ano.

Envy hizo caso omiso a su pedido, retirando sus dedos tan sólo para
volverlo a colocar boca arriba y penetrarlo con su miembro, empujando
con firmeza frente a la resistencia que le oponía su cuerpo. Entonces,
las fuerzas del muchacho cedieron casi por completo, al tiempo que éste
profirió un alarido tan estremecedor que Envy tuvo que sofocarlo con la
palma de su mano para evitar que lo oyeran. Y así, con una mano
sujetando sus muñecas y otra sobre su boca, lo embistió duramente una y
otra vez, con la esperanza de matarlo de dolor, y con su sangre
escurriéndose entre sus piernas como el mejor regalo que podría
otorgarle la noche.

—¡Quisiera que fueras él! ¡Quisiera que fueras él!—vociferaba, inmerso
en la más cruenta de las locuras, mordisqueándole y marcando su carne
sin saber de qué otra manera aumentar su sufrimiento.

Despertó varias horas después, cuando la claridad del día ya se asomaba
por las cimas de los edificios más bajos, probablemente habiéndose
desmayado tras el orgasmo. Su joven víctima yacía de espaldas a su lado,
quizás muerto, quizás no, y luego de que en su mente aparecieran
imágenes de lo poco que recordaba acerca de la noche anterior, escapó de
allí sin animarse a confirmar si aquél realmente se trataba de quien él
había creído.
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Maestro Oblidemon
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:36 pm

Envy oprimió el botón stop de su equipo de música, deteniendo de súbito la canción God Save the Queen
de los Sex Pistols que hasta ese momento había estado escuchando a
máximo volumen. Observó sin expresar mueca alguna a Greed pateando la
puerta de su pequeño departamento, y cómo éste se le acercaba con cara
de pocos amigos.

—¡Demonios!—exclamó, furioso.—¡¿Qué no oyes el maldito teléfono?! ¡Hace casi una hora que te estoy llamando!

—No. La música estaba demasiado fuerte y no lo oí—respondió con tanta
calma y frialdad que a Greed le entraron unas tremendas ganas de molerlo
a palos. Se decidió, en cambio, por encenderse un cigarro y comenzar a
caminar en círculos por la habitación, esquivando con dificultad la ropa
y basura que se hallaban desperdigadas por el suelo.

—Otra vez faltaste al ensayo, y sabes que no podemos tocar sin ti. ¡Hace
un mes que venimos suspendiendo los recitales por culpa tuya! ¿Es que
ya no te importa la banda? ¿Me quieres decir qué carajo te está pasando?

Elevando los hombros y frunciendo los labios, Envy hizo un gesto como queriendo decir “ups, lo olvidé”,
cosa que sabía sin duda que aumentaría la furia de su supuesto amante.
Greed se le acercó de pronto y tomó un mechón de su verdosa cabellera
sin llegar a tironear de él. —¿Sabes? Me están dando muchas ganas de
golpearte ese lindo rostro que tienes, así que mejor dime lo que te
ocurre antes de que cometa alguna locura. ¿Qué dices?

El peliverde resopló, desviando la mirada hacia uno de los posters de
Los Ramones que colgaban de la pared, y pensó que ya era hora de
decírselo a alguien. No porque le importara demasiado que Greed
intentara golpearlo, ni que le interesara compartirlo con él, sino
porque de cierta forma, el guardárselo para sí mismo le estaba haciendo
daño, y si todo continuaba de esa manera quizá terminaría por
enloquecer. No sólo había faltado a los ensayos de la banda, sino que
tampoco había salido a la calle, ni siquiera para comprarse un paquete
de cigarrillos.

—¿Y bien?—le preguntó el otro, ya impaciente.

—Creo que maté a alguien—respondió sin rodeos.

Greed estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se detuvo al notar
que la seriedad con la que Envy había dicho aquello no había cambiado.
Guardó silencio durante unos instantes, hasta que finalmente quiso
saber: —¿A quién?

—A mi medio hermano... O eso creo...

—¡¿Eso crees?!

—Es que estaba drogado, y no recuerdo mucho acerca de lo que sucedió.
Bueno, estoy casi seguro que era él, pero no completamente.

—Entonces—continuó Greed tras meditar un momento—sigo sin entender cuál
es tu problema. ¿No era algo que querías hacer desde hacía mucho tiempo?

Envy asintió con un movimiento de cabeza casi imperceptible. El muchacho
tenía razón. Desde que su padre lo abandonara, dejando a su madre y a
él por una familia “formal” que hasta ese entonces había logrado
mantener en secreto, había jurado deshacerse de él y de todos los que
llevaran su sangre de la forma más dolorosa que fuese posible imaginar.
Su madre, que era más o menos la única cosa que respetaba sobre la
Tierra, le había hecho prometer que no los molestaría, ni a su padre ni a
su feliz familia. Sin embargo, al morir ésta, apenas dos años atrás,
juró que en caso de encontrárselo se vengaría por haberlos hecho tan
miserables. Claro que había disfrutado como el demonio el haber
provocado semejante sufrimiento al maldito de Edward, y repetiría
aquella noche hasta hacerlo morir cien veces. No era la probabilidad de
haber cometido asesinato lo que lo preocupaba en realidad.

—Bueno... digamos que no me ocupé de “limpiar la escena del crimen”. Y
créeme que dejé suficientes pruebas allí para que averigüen fácilmente
quién fue el criminal.

—¿Les dejaste tu tarjeta de presentación?—se burló Greed.

—¡Maldición! ¡Esto no es una puta broma!—exclamó, incorporándose de un
salto.—¡Podría ir a la cárcel por eso! ¿Comprendes? ¡La cárcel!

—Sí, sí, comprendo. Pero pensándolo detenidamente, no ha salido ninguna
noticia acerca de un joven asesinado ni de que estén buscando ningún
asesino. Y créeme que la gente es morbosa y ese tipo de noticias es el
favorito de la prensa.

Envy volvió a recostarse sobre el montón de sábanas revueltas que era su
cama, apoyando el peso de su cabeza sobre la palma de su mano,
pensativo. —Lo sé... He estado viendo la televisión y no hay nada de
ello. ¿Pero qué tal si por orgullo de su familia o algo así decidieron
ahuyentar a la prensa? Quizá ni siquiera avisaron a la policía y
contrataron a un detective privado. Sabes que el bastardo tiene
suficiente dinero para darse esos lujos, y que es un investigador de
renombre.

—¿Orgullo? ¿Pero qué demonios le hiciste? ¿Le rompiste el culo y lo dejaste desangrándose en medio de la calle?

La risita involuntaria que Envy profirió le sirvió para comprobar que su
teoría era cierta. Greed bufó, fastidiado, declarando que sólo lo
perdonaba porque sabía que aquella venganza era demasiado importante
para él.

—¿Y ahora qué haré?—cuestionó el peliverde con aflicción.—Perseguido o
no, esta incertidumbre me está matando. ¡Ni siquiera me animo a atender
el teléfono! ¡Hace semanas que no cruzo la puerta!

—Tranquilo, tranquilo... —le susurró Greed mientras se acomodaba a su
lado y comenzaba a besar su frente y sus mejillas.—Tengo una idea: nos
encargaremos de averiguar adónde vive tu padre ahora, y de esa forma
sabremos si el joven en cuestión vive o no. Luego veremos qué hacer al
respecto. Es un buen comienzo, ¿no te parece?

—Supongo...—logró decir Envy antes de que su amante le introdujera la
lengua en la boca, deslizando lentamente sus caricias hacia su
entrepierna.—Mh... Ahora no, Greed. No me siento bien, déjame solo.

A regañadientes, Greed se quitó de encima suyo y se puso de pie,
intentando disipar la calentura que se había adueñado de su cuerpo.
—Tsk... Soy un idiota. Encima que me presto a ayudarte luego de que me
metieras los cuernos con tu hermanastro, me rechazas—se quejó
burlonamente, provocando en Envy fuertes risotadas. Se despidieron
emitiendo un saludo con la mano, acordando que al día siguiente
comenzarían con su investigación.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:36 pm

Hallar al padre de Envy se tornó una
tarea más difícil de lo esperado. Habían buscado en las guías
telefónicas e interrogado a viejos conocidos, y buscado en los centros
de investigación y en las universidades donde solía trabajar. Nada.
Simplemente, parecía que se lo había llevado el viento.

—Quizá estabas en lo cierto y sintió tanta vergüenza por lo que le
hiciste a su hijo que huyeron del país—imaginó Greed, recibiendo un
puntapié como respuesta por su idea tan ingenua.

En cuanto a Envy, a cambio de la ayuda recibida tuvo que regresar a los
ensayos y, una semana más tarde, el grupo Pewflexxx se presentaba
nuevamente a tocar en el antro de costumbre.

Los fanáticos colmaron el sitio de fuertes aplausos y alocados gritos,
complacidos por su tan esperado regreso. Saltaron y rugieron y bebieron
como nunca en el momento en que la banda ejecutó su más reciente y
aclamado éxito: Pozole Picante. Fue durante aquella canción que
Envy, aún concentrado en chillar las estrofas del estribillo, vio algo
entre el público o, mejor dicho, a alguien, que casi lo hace
quedar sin voz. Sintió su corazón dar un vuelco y comenzar a latir a un
ritmo aceleradísimo. Allí, entre el bullicio de la multitud, cercano a
la puerta, dos profundos ojos dorados lo miraban fijamente. No supo
cómo, pero pocos instantes luego había arrojado el micrófono al suelo y
se encontraba detrás del escenario, mascullando incoherencias y
rogándole a Greed, quien lo sostenía fuertemente de los brazos, que lo
dejase ir.

—¡Mierda! ¡Edward está allí abajo! ¡Esta allí, carajo!—exclamaba una y otra vez, entre otras cosas.

—No sé quién será Edward, pero si bajas, dudo que puedas llegar muy
lejos sin que te despedacen antes—dijo Lust, la tecladista del grupo,
mientras se limaba las uñas. Y probablemente tuviese razón. Del otro
lado, la gente, furiosa, exigía que la banda volviese a salir o que se
les devolviera el dinero. —Será mejor que continuemos con el recital si
sabemos lo que nos conviene.

—Eso díselo a él—refunfuñó Greed, señalando a Envy, que no se había calmado en absoluto.

Finalmente, después de un gran y paciente esfuerzo, lograron convencer
al peliverde, asegurándole que si Edward se encontraba allí, y si no se
había tratado de su imaginación, no iría a ninguna parte, y que luego lo
ayudarían a encontrarlo. El telón volvió a abrirse y, tras recibir
algunos abucheos y otorgar unas rápidas disculpas, informaron que el
cantante no se encontraba del todo bien y que tan solo tocarían dos
canciones más. A pesar del masivo descontento, el público pareció
dejarse llevar enseguida por la magia de la música, y al rato todo
continuaba con perfecta normalidad. Pero Envy aún estaba preocupado y no
dejaba de buscar a su medio hermano con la mirada. Aunque no lo viera,
presentía que estaba allí, observándolo, quizá tramando una terrible
venganza. La noción de estar totalmente expuesto frente a alguien que se
hallaba bien camuflado entre el ruidoso y movedizo gentío lo desesperó
todavía más.

Una vez terminado el espectáculo, Envy apagó el micrófono e inspiró
profundamente. Cruzando el refugio que les otorgaba el telón cerrado
comenzaba a tomar lugar la gran orgía acostumbrada, oyéndose aislados
gemidos en algunos sitios del antro. ¿Estaría Edward allí? No. De seguro
se ocultaría en alguno de los rincones oscuros en donde Envy
acostumbraba colocarse de espectador, aguardándolo para hacerle lo mismo
que él le había hecho. Y como en ese momento no había demasiadas reglas
a seguir, nadie le haría caso cuando gritara a todo pulmón que lo
estaban violando y que luego lo matarían.

Se puso de pie y sacudió la cabeza varias veces. ¿En qué demonios estaba
pensando? El enano no podría ni siquiera tocarle un pelo, y en
semejante desorden orgiástico pasaría completamente desapercibido cuando
terminara con su existencia. Así es; le atravesaría el pecho o le
cortaría la garganta en un abrir y cerrar de ojos y se acabaría el
problema. Ni siquiera necesitaba la ayuda del inútil de Greed. Entonces,
con semejante sentimiento de emoción colmándole el pecho tras imaginar
la sangre de ese maldito derramándose de una vez y para siempre, dio un
par de tragos a la botella de aguardiente que reposaba sobre el suelo,
tomó la navaja y se perdió entre las criaturas excitadas que se
dispersaban por el suelo antes que el resto de los integrantes del grupo
notara su ausencia. Bajo la tenue luz logró distinguir numerosas
parejas teniendo sexo de diversas maneras, tríos, homosexuales,
bisexuales, e incluso algunas escenas sadomasoquistas, como una mujer
atada de pies y manos que recibía numerosos latigazos en su espalda
mientras era obligada a lamer varios miembros masculinos a la vez, cosa
que no parecía disgustarle en absoluto. Buscó en los rincones, en las
orgías, entre la gente que yacía ebria en el suelo, pero todo indicaba
que, si Edward alguna vez había estado allí, ya se había marchado.

Fue mientras transitaba el extenso y aún peor iluminado pasillo que lo
llevaría a la salida, desanimado y a punto de aceptar que todo se había
tratado de su imaginación, cuando le pareció sentir que alguien lo
seguía. Al principio no fue más que una vaga sensación, pero una vez
seguro de escuchar los ligeros pasos que seguían a los suyos, no dudó en
dar media vuelta para encontrarse con un muchachito que se detuvo a
unos dos metros de distancia. Sorprendido, dio un paso hacia atrás,
pensando que se trataba de Edward, pero una vez que su vista estuvo
acostumbrada a la falta de luz y logró observar con claridad su rostro,
reparó en que, a pesar de las grandes similitudes, éste poseía ciertas
diferencias que le hicieron notar su error: a primera vista, este
muchacho era bastante más joven que Edward, y sus rasgos parecían ser
bastante más dulces. Además, tanto sus ojos como su cabello eran de una
tonalidad algo más oscura, aunque, sin saber exactamente por qué, supo
que eran aquellos ojos los que lo habían estado vigilando durante el
concierto.

—Te estaba buscando—pronunció el muchachito con una mezcla de
nerviosismo y seriedad en la voz, cosa que produjo un sobresalto en el
cuerpo de Envy. Intuyendo la razón de por qué ese joven lo buscaba, el
peliverde se metió la mano en el bolsillo y palpó con la punta de los
dedos el filo de su navaja.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:37 pm

—Te estaba buscando—repitió el
ojiavellana al no percibir ninguna reacción comprensible.—Eres Envy, el
líder de Pewflexxx, ¿no es cierto?

Envy no respondió. Continuaba escrutándolo con la mirada y con la mano
derecha metida en el bolsillo, preparado para abalanzarse contra él con
toda su agilidad, como un animal acorralado. Y seguramente lo hubiese
hecho, de no ser porque en ese momento apareció en el corredor Greed con
el resto de la banda, todos bastante borrachos.

—¿Y quién es tu amigo?—preguntó el baterista, acercándosele por atrás y olfateándole el cabello.—Se ve bastante rico.

—Ya, déjalo, Gluttony—lo reprendió Greed, tironeándole del enorme brazo.—…ste es pura y exclusivamente de Envy... ¿verdad, Envy?

—¡Pero no es justo! ¡Envy siempre se queda con los más guapos! Además,
¡él está contigo!—refunfuñó el gordito, apegándose aún más al muchacho,
quien se sonrojó y profirió una especie de risa incómoda.

—Mi... mi nombre es Alphonse, y he venido a investigar por mi hermano.

—¿Tu hermano?—preguntó Greed, dirigiéndole una mirada de confusión a
Envy, quien en ese momento abrió los ojos grandes como platos. ¡Claro!
¿Cómo no se había dado cuenta antes? Hohenheim había tenido no sólo un
hijo, sino dos con su esposa, y él lo había conocido, aunque sólo fuese
por un momento y cuando éste era en realidad demasiado pequeño como para
tenerlo en cuenta. Fue entonces cuando reparó en lo alterado que Edward
lo tenía, y cómo había sido posible que pasase por alto la existencia
de un segundo hermano, quien debía tener unos dos o tres años menos que
el primogénito.

—¿Qué le ocurrió a tu hermano, primor?—le interrogó Lust con voz
seductora mientras le acariciaba las sonrosadas mejillas.—¿Es tan guapo
como tú?

Alphonse dio un paso al costado, alejándose de la fogosa mujer, y clavó
los ojos en Envy. …ste sintió un escalofrió recorrer su espalda y
contuvo la respiración, preparado para que el pequeño lo acusase del
horrendo crimen que había cometido, y así, tras aquellas últimas
palabras, mandarlo al otro mundo frente a sus compañeros tras una
exquisita lluvia de sangre.

—Hace unas semanas, alguien le hizo algo terrible a mi hermano. Y fue
aquí, a la salida de este antro, luego del último de sus conciertos. Por
eso...

—¿Por eso qué, pequeño?—se impacientó Greed, colocándose ambas manos en la cintura.

—Por eso quería pedirles ayuda a ustedes, ¡porque quizás podrían tener
una idea de quién fue! Y mi hermano... él está muy mal, pero si hablan
con él... ¡Ustedes podrían ayudarnos!

Silencio. En el pasillo se produjo un profundo silencio, y los que
estaban allí por un instante creyeron oír los gemidos que aún provenían
del interior del antro. Entonces, Envy, que hasta ese momento había
permanecido expectante y sin pronunciar una sola palabra, echó la cabeza
hacia atrás y profirió una sonora risotada. Comenzó a reír como un
poseso, mostrando sus blancos dientes a los que se hallaban a su
alrededor y no encontraban explicación a su repentina reacción. Qué
inesperado, qué hilarante. Y él, que en su paranoica mente había
imaginado que aquél había ido a buscar venganza por su venganza, ahora
estaba recibiendo las súplicas de su pequeño medio hermano para hallar
al culpable de las desdichas que él mismo había causado. ¡Y para colmo,
el enano seguía vivo y no había ni una mínima sospecha que apuntara a su
persona! Las cosas no podían marchar mejor.

—Eh... Envy—lo llamó Greed, arrancándolo de su alocado éxtasis.

—¡Perdón, perdón!—se disculpó, apenas pudiendo contener la risa.—De
repente recordé un chiste, y no pude evitarlo... Así que Alphonse,
¿eh?—dijo, pasándole el brazo por detrás del hombro.—Quédate tranquilo.
Nosotros hablaremos con tu hermano y haremos todo lo posible para
ayudarlos. Sólo dinos adónde viven, e iremos.

—C-claro—respondió el muchachito, algo aturdido.

Mientras tanto, los demás integrantes del conjunto que no tenían ni idea
de los pasados acontecimientos, permanecieron inmóviles, observando el
insólito comportamiento de Envy con asombro.


Al día siguiente, Envy tarareaba por las calles Anarchy in the U.K.
mientras se dirigía hacia la casa de los Elrics con una sonrisa de
oreja a oreja. No recordaba la última vez que se había levantado antes
del medio día y podía sonreír de esa manera sin insultar a todo el que
se le cruzase por delante. De hecho, la gente se le quedaba mirando,
atraída por sus extravagantes vestiduras, cuchicheando estupideces y
hasta gritándole marica o esa clase de cosas, pero él se encontraba
demasiado concentrado en lo que pasaría luego como para elaborar algún
insulto apropiado.

I am an antichrist... I am an anarchy... Don’t know what I want but I know how to get it... canturreaba
cuando finalmente llegó a la puerta de la pequeña casita que le habían
indicado. Antes de llamar, dirigió una mirada de asco a las plantas que
asomaban por la única ventana que daba a la calle, pensando que si a
alguien debían llamar marica, tendría que ser a su repulsiva familia.

—¡Buenos días! G-Gracias por venir...—lo recibió Alphonse con una tímida
sonrisa, algo avergonzado por el exceso de bondad que Envy parecía
presentar. Lo hizo pasar a una poco espaciosa cocina, en donde le
ofreció sentarse para tomar una taza de té. —Mi hermano está durmiendo.
En un rato iré a ver si despertó para que puedas hablar con él.

—¿Y tu padre? Es decir... ¿Tus padres? ¿Viven aquí?—preguntó Envy,
frunciendo el entrecejo, imaginando que hasta debía ser incómodo para
dos personas vivir en un espacio tan reducido.

El rostro del jovencito se ensombreció tras aquella pregunta.
—No—respondió.—Mamá murió hace ya varios años... Y papá... Bueno, él...

—¿Qué?—se apresuró a preguntar el peliverde, ignorando toda
consideración que una persona normal hubiese tenido en una situación
semejante.

—Se fue...

—¿Qué quieres decir con que se fue?

—Nos abandonó. Desapareció un día, mientras mamá aún vivía, y nunca supimos más nada de él.

Envy se le quedó mirando seriamente, suponiendo que aquello era verdad y
que Alphonse no tenía ninguna razón para mentirle, mucho menos si creía
que él estaba allí para hacerle un favor.

—Ah... Iré a ver si mi hermano despertó. Discúlpame un momento—dijo el
ojiavellana, desviando la mirada y rompiendo el incómodo silencio que se
había formado. Cruzó los pocos metros de la cocina y desapareció por
una puerta de madera que seguramente llevaría a la única habitación que
poseía aquella casucha. Envy permaneció sentado sin probar un sorbo del
té, observando los cuadros y fotos que adornaban las blancas paredes. En
una de ellas reconoció al bastardo de su padre, y tuvo que hacer un
gran esfuerzo por contenerse y no destruirla en mil pedazos.

De repente, un grito proveniente de la habitación lo hizo estremecerse y
casi arrojar al suelo la fotografía que sostenía en sus manos. Se
acercó sigilosamente a la puerta, y allí pegó su oreja, procurando oír
la discusión que en ese momento mantenían los dos hermanos:

—¡Al! ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Te pedí que no se lo dijeras a nadie! ¡No pienso contarle lo que me ocurrió a un extraño!

—¡Pero, nii-san! A pesar de ser un extraño, parece ser una muy buena
persona... Además, ¿qué tal si el maldito que te atacó continúa atacando
gente inocente mientras tú te quedas de brazos cruzados? O peor aún, si
vuelve a atacarte a ti. ¡No puedes dejar las cosas como están!

—Que los demás aprendan a cuidarse solos... Ya te dije que no pienso
hablar con nadie. Ni siquiera debí contártelo a ti. Es más, si no
hubieses sido tú quien me encontró, quizás no lo sabrías.

—¡Nii-san!


Envy apenas pudo contener la risa. Era muy divertido saber que en tan
pocas frases se refirieran a él como “una muy buena persona” y luego
como “el maldito”. En verdad la situación era de puta madre bien
divertida. Aspiró una bocanada de aire para evitar que una carcajada lo
traicionara como la noche anterior, y abrió la puerta de un golpe.

El paisaje que lo recibió fue en extremo interesante: a un lado de la
cama, sentado sobre un pequeño banquito de madera, Alphonse luchaba por
ocultar las lágrimas que se derramaban por sus mejillas, mientras
sostenía con fuerza una de las manos de su hermano mayor. Y, sentado en
la cama, apoyada la espalda sobre dos grandes almohadones, se hallaba
Edward, tan hermoso como lo recordaba a pesar de las profundas ojeras y
la amarga expresión de su rostro.

—Por favor, vete—ordenó el mayor, más con tono suplicante que autoritario.

Envy negó con la cabeza y tomó asiento sobre el colchón. —No seas
grosero... ¿no ves que tu hermano se preocupa mucho por ti? Anda, dime
qué fue lo que te ocurrió—dijo de la forma más dulce que pudo.

Edward suspiró, probablemente demasiado exhausto como para continuar
discutiendo, y Envy rió de lado, complacido tras saber que su preciosa
víctima no lo había reconocido.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:37 pm

—Hace aproximadamente un mes—comenzó a
relatar el rubio una vez que lograron convencer a Alphonse de dejarlos
solos—me encontraba caminando pasada la media noche por las calles
cercanas al antro donde suele tocar tu banda. Me habían recomendado los
recitales de Pewflexxx, sí, y probablemente anduviese por esa zona con
la intención de ir a oírlos, pero al llegar a la puerta me di cuenta que
sentía más ganas de permanecer solo, así que me senté en la acera y
permanecí allí, oyendo sus canciones a lo lejos. Y luego, una vez
terminado el recital, alguien vino y... me atacó.

—¿Te atacó?—cuestionó Envy, exigiéndole más detalles con la mirada.

—Bueno... se arrojó sobre mí, y me golpeó, y me llevó a un callejón en donde me hirió gravemente con un cuchillo.

—¿Y qué mas?—preguntó el peliverde, intentando ocultar el fuego que se
había encendido en sus ojos tras el regreso de los pocos recuerdos que
tenía de esa noche.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir...—carraspeó—Una persona no suele atacar a otra con el fin
de golpearla. Los golpes no son un fin, sino un medio. Quizá quería
robarte, o...

—No—se apresuró a responder.—Lo único de valor que poseía en ese momento
era mi billetera, y ésta aún estaba allí cuando me encontraron.

—¿Entonces? ¡Vamos! No puedo ayudarte si no me cuentas hasta el más mínimo detalle. El más mínimo, ¿entiendes?

Edward bajó la cabeza, ocultando el rostro entre su cabello sucio y alborotado. —No... no puedo—balbuceó con voz quebrada.

—¿Acaso... acaso... abusó de ti?—le preguntó, sin lograr evitar que sus
largos dedos se enredasen fuertemente alrededor del brazo aún colmado de
cicatrices de Edward. Al oír aquello, el joven se soltó rápidamente del
agarre y colocó ambas manos sobre sus oídos, sufriendo numerosos
espasmos al intentar contener el llanto. — Es eso, ¿verdad? ¿Eso fue lo
que te hizo?

—¡No! ¡Déjame!—exclamó, dando un manotazo al aire y regresando a la posición anterior.

Envy suspiró y se armó de paciencia. A pesar de que le divertía mucho la
situación, Edward estaba siendo demasiado dramático, y aquello le
fastidiaba un poco. Así que, apoyando una rodilla en la cama y gateando
hasta la otra punta de la cama en donde se había apretujado el rubio, le
susurró casi al oído: —Vamos... Después de todo, no es algo tan
terrible. Esas cosas suceden todo el tiempo, aunque la sociedad lo
niegue. Y puede ser algo muy placentero, si te entregas a ello...

Edward aflojó la tensión de su cuerpo y giró el rostro hacia él. —¿Lo
es?—preguntó con ojos acuosos, suplicándole con la mirada que le dijera
que sí, que aquello no se trataba de ninguna humillación, y que no había
razón alguna para estar avergonzado como él lo estaba.

—Por supuesto—respondió, dedicándole la sonrisa más seductora que pudiera trazarse.

—¡Mientes! ¿Cómo puedes decir semejante locura? ¡Ese tipo intentó matarme! ¿Qué placer puedo encontrar en ello?

—Bueno...—replicó el peliverde, sentándose sobre las sábanas
celestes—Quizás tú te le resististe, y eso lo hizo enfurecer.
Probablemente estuviese drogado, o borracho, o ambas cosas, y eso puede
potenciar la frustración que se siente tras un rechazo sexual. Pero ya
nos hemos ido mucho del tema—dijo, pensando que toda esa charla podría
revelar sus verdaderas intenciones antes de lo deseado. Prefirió,
entonces, tratar una cuestión que seguramente lo divertiría aún
más.—¿Qué hay de tu atacante? ¿Recuerdas algo con lo que podamos
identificarlo?

—N-no...

—¿No? ¿Absolutamente nada? ¡No estás ayudándome!

—Nada... Al dice que es por el shock que no puedo recordar...—comentó, volviendo a dirigir la mirada hacia la pared.

Envy entrecerró los ojos y mantuvo silencio durante algunos instantes. —Mh...—murmuró luego.—¿No será que eras tú el drogado?

Edward se estremeció, pegando la espalda contra la pared al tiempo que
movía rápidamente las manos y tartamudeaba palabras ininteligibles. Que
no, que cómo podía decir eso, que él no se drogaba. En un movimiento
rápido y certero, Envy se abalanzó sobre él y atrapó uno de sus brazos,
descubriendo sin mucho esfuerzo en él pequeñas marquitas que nada tenían
que ver con el episodio de un mes atrás. —Si no te drogas, explícame
qué es esto—exigió.—¿O tendré que preguntarle a tu hermanito?

—¡No!—exclamó, echándosele encima sin saber qué más hacer, provocando
que Envy perdiera el equilibrio y cayendo ambos tendidos sobre la cama.
Fue en ese inoportuno momento cuando Alphonse entró a la habitación, de
seguro preocupado por el alboroto que hacía rato venía oyéndose allí
dentro. Simplemente permaneció mudo e inmóvil al ver a su hermano y al
otro sujeto en la cama, uno arriba del otro.

—Ni...nii-san—pudo pronunciar finalmente.

—¡Al! ¡No es lo que tú crees!—aseguró Edward, incorporándose de un salto.

—Claro que no—lo siguió el peliverde, profiriendo una risita burlona. Se
dirigió a ambos diciéndoles que por el momento debía irse, así que
caminó hacia la puerta de salida a toda velocidad, dejando que los dos
hermanos arreglasen el malentendido, el cual deseó que no se hubiese
tratado tanto de tal cosa.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:37 pm

Los siguientes días fueron un paraíso
comparados al infierno que habían sido los últimos. Envy se presentaba
sonriente a todos los ensayos, emborrachándose y pasándosela mejor que
nunca. El haberse enterado que su padre era un desaparecido incluso
entre sus familiares había sido un golpe duro para él, haciéndole
imaginar que quizás ya estuviese muerto y no había sido él su verdugo,
como tanto lo había soñado. Sin embargo, aquello se compensaba con todas
las maldades que tenía pensado hacerle a su hijo. Así es, sería el
mismísimo lobo disfrazado de cordero, con la diferencia que él iría más
allá, haciéndole creer al rebaño que los ayudaba a combatir al lobo. Su
plan le producía un morbo que ninguna otra cosa que hubiese hecho o
pensado le produjo, y se sentía impaciente por concretarlo, aunque sabía
que debía ser paciente. “La comida es más sabrosa cuando se la cuece a
fuego lento” era algo que solía decirle su madre, raras veces
refiriéndose a la comida misma.

En cuanto a los conciertos,
también hubo cierta mejoría. La noticia de que Pewflexxx regresaba con
más fuerza que nunca corrió con el viento, y muchos asistieron a verlos,
y las orgías fueron más concurridas y alocadas que nunca.

Fue un
día antes de uno de los conciertos cuando Envy decidió hacerles otra
visita a los hermanos. Ya había estado frecuentándolos con regularidad
y, aunque intentaba evitar pasar mucho rato con Edward, se podría decir
que la confianza de Alphonse ya la tenía ganada. Gracias a él se había
enterado de algunos detalles más del incidente, como los dos días que
Edward había permanecido en terapia intensiva al borde de la muerte, o
la promesa que éste le había obligado a hacer con respecto a no avisar a
la policía. De hecho, como bien había dicho el rubio, de no ser porque
él mismo lo había hallado moribundo en la calle luego de haberlo estado
buscando toda la noche, tampoco se habría enterado de lo ocurrido. Pero
esa tarde Alphonse no se hallaba en casa, cosa que encajaba a la
perfección con el plan.

Envy se sentó junto a la cama de Edward,
quien, a pesar de ya estar físicamente recuperado por completo, solía
pasar los días acostado.

—Oye...—habló el rubio, incomodado por el casi absoluto silencio.—¿Por qué... por qué no me hablas?

—Disculpa...—dijo el otro, oprimiendo un botón del discman que llevaba en su regazo.—No te oí, ¿dijiste algo?

—Es que... Cuando vienes, conversas mucho con Al, pero a mí no me dices nada. Acaso... ¿me tienes lástima? ¿Te doy lástima?

—¿Lástima?
Si fuiste tú el que aseguró que no quería hablar sobre lo ocurrido.
Simplemente no quiero presionarte, Ed. Cuando estés listo, hablaremos.

Edward suspiró profundamente, sujetando con fuerza las sábanas que reposaban debajo de sus manos. —Yo... Yo quiero hablar.

—¿Y a qué se debe el cambio de actitud?—preguntó Envy, sin modificar el indiferente tono de voz ni separar la vista del aparato.

—No
lo sé. ¡No lo sé!, ¿de acuerdo?. Tal vez... Tal vez cometí un error
pensando que eras un típico músico rebelde que sólo anda buscando dinero
o drogas u otras cosas... ¡Pero no me trates así! ¡No me trates como a
un pobre loco drogadicto que no entiende nada!

—Yo no te traté de ninguna manera. Aquí el único prejuicioso pareces ser tú, ¿no crees? Eres como todos los demás...

Fue
entonces cuando Envy finalmente dejó de mirar el discman para mirar a
Ed, quien se hallaba con las mejillas exquisitamente sonrosadas y la
frente perlada de sudor. Tuvo que tomarse fuertemente del borde del
banquito en donde se hallaba sentado, al punto de arañarlo, para evitar
arrojarse sobre él y violarlo por segunda vez. —¿Y bien? ¿De qué quieres
hablar?—le preguntó con voz temblorosa.

No era mucho lo que
tenía que contarle. Tan solo algunos detalles estúpidos tras los cuales
Envy asentía con un movimiento de cabeza, simulando acumularlos dentro
de una base de datos en su cerebro para dar con la identidad del
criminal, aunque lo único que pasaba por su mente en ese momento era la
canción I Just Want Bang Bang Bang.

—... y eso es todo lo que recuerdo—concluyó finalmente el rubio.

—¿Todo?
¿Estás seguro?—le preguntó, reprimiendo un bostezo. Habían reconstruido
tantas veces la escena de la violación con Alphonse, que todo aquello
comenzaba a resultarle tedioso.

Tras la confirmación de Edward,
Envy se puso de pie, argumentando fríamente que tenía muchas cosas que
hacer. Pero no pudo dar muchos pasos antes de que una mano lo sujetara
del brazo, evitándole continuar.

—¿Qué quieres?

—No te
vayas... No quiero quedarme solo.... Por favor—suplicó Ed, quien se
había arrojado rápidamente al borde de la cama para detenerlo.

El
peliverde sonrió, pensando que las cosas se le estaban dando más rápido
de lo esperado. Se acercó a su medio hermano, lo abrazó, y antes de que
éste apoyase la cabeza en su hombro, lo tomó de la barbilla y le
arrebató un beso.

—¿Qué haces?—preguntó Edward, intentando deshacer el abrazo.

—Te beso... ¿qué, no se nota? ¿No es lo que quieres?

—¡No! ¡Claro que no!—exclamó agitado.

—Pero
puedes estar equivocado, como lo estabas conmigo pensando que era una
mala persona. Podemos pasarla muy bien juntos...—susurró Envy, besando
tiernamente su frente y sus mejillas. No supo si Edward respondió de la
misma forma porque se tragó lo que le decía, o simplemente porque
aquello era la gota que faltaba para derramar la copa de su cordura.

Fue
el rubio el primero en introducir la lengua en su boca, desesperado,
sediento. Envy lo apretujó con fuerza contra su pecho y lo arrojó boca
arriba sobre la cama sin separarse de él ni un centímetro, saboreando
los besos inexpertos pero deliciosos que le ofrecía, sintiendo su
saliva, su paladar, sus encías, sus dientes, con extremo interés.
Deshizo el primer encuentro de sus labios por la necesidad de respirar
que la pasión le había hecho olvidar y, una vez satisfechos sus
pulmones, volvió a unirlos para luego deslizar su lengua desde sus
mejillas hasta el lóbulo de su oreja, y desde allí se dirigió a su
cuello, abriendo la boca y mordisqueando su tersa piel, primero
suavemente, aumentando poco a poco la fuerza del mordisco, cosa que
pareció agradarle a Edward, quien profirió un espontáneo suspiro de
placer.

Aquello fue demasiado. La voz de Edward penetrando sus
oídos pareció tener un efecto demencial en Envy, pues apenas lo oyó, se
separó de su cuello y tiró de su camiseta casi al punto de arrancársela.
Descubrió entonces un níveo pecho agitado, lampiño y adornado con dos
pequeños pezones rosados. Se acercó a uno de ellos para lamerlo con la
punta de la lengua, mientras masajeaba al otro con uno de sus dedos,
notando cómo se endurecían con rapidez. Edward suspiraba ahora una y
otra vez, masajeando los hombros del peliverde, acariciando los músculos
de sus brazos, oprimiendo su cabeza contra su pecho para que
continuara... Hasta que Envy se arrojó nuevamente a besarlo en la boca,
rodando ambos sobre la superficie de la cama al tiempo que sus manos
comenzaban a explorar los rincones de sus intimidades. Envy colocó ambas
manos sobre el trasero de Edward, oprimiéndolo hacia él para que sus
sexos se rozaran sobre la ropa. Descubrió que el del rubio estaba más
que preparado, así que sin más le quitó los boxers y se ocupó de
desnudarse él mismo. Habría sido normal que Edward se sonrojase o
sintiera algo de pena al ser éste su primer encuentro carnal consentido
con un hombre, pero su estado de excitación era tal que lo único que
podía sentir era el deseo por ser poseído por ese muchacho que ahora
veía tan irresistible. Parecía hechizado. Se colocó sobre el cuerpo del
peliverde, quien yacía acostado sobre la cama, rodeándolo con las
piernas.

—¿Qué haces?—le preguntó al verlo salir de abajo suyo y
estirar la mano hasta su bolso, de donde extrajo una especie de pomada
que comenzó a untar en su miembro.

—Lubrico... No querrás que te
duela... demasiado, ¿no?—respondió, introduciéndole uno de sus dedos
embadurnados en la entrada de su cuerpo, cosa que le hizo dar un
respingo involuntario.

Una vez que estuvo lo suficientemente
dilatado, volvieron a colocarse en la anterior posición, y Edward tomó
el miembro erecto de Envy en una de sus manos, dirigiéndolo hacia su
entrada en donde lo introdujo lentamente sentándose sobre él, sintiendo
cómo el glande se abría paso en su cuerpo. Lo hizo de esa forma hasta
que la mitad estuvo dentro, y luego apoyó ambas manos sobre el pecho de
Envy, utilizando su propio peso para que terminase de penetrarlo
completamente. Envy ni siquiera se molestó en preguntarle si se
encontraba bien al ver la contorsión de dolor en su rostro, porque el
placer que experimentó al sentirse dentro de esa cavidad tan estrecha
pero al mismo tiempo lo necesariamente dilatada como para deslizarse con
facilidad fue indescriptible. Rió para sus adentros al saber que el
mérito era suyo por haber terminado con la virginidad del joven en la
anterior ocasión.

Edward comenzó a moverse poco a poco, hacia
arriba y hacia abajo, sin poder reprimir los gemidos que profería cada
vez que volvía a sentarse sobre la ingle del peliverde. Su miembro, a
pesar del dolor, en ningún momento había perdido vigor, y parecía
agrandarse a medida que aumentaba la velocidad de su balanceo. Clavaba
fuertemente las uñas en el pecho de su ardiente amante, mientras
jadeaba, gritaba, suspiraba y apretaba los dientes para evitar volverse
loco de placer. Envy no soportó más la exquisita visión del hermoso
cuerpo sonrojado y sudado que se movía frenéticamente encima suyo, así
que lo tomó de las caderas y le marcó un ritmo más rápido y enérgico,
provocando que el ojidorado echase la espalda hacia atrás en busca de
una mayor fricción. Gozando más que nunca, Envy se incorporó sobre la
cama y lo abrazó, lo estrechó con tanta fuerza que ya no les fue posible
respirar, lo besó y le mordió el labio, saboreando el delicado y tan
repudiado manjar que constituía su propia sangre. Edward también lo
probó, uniéndose en un nuevo y pasional beso que sofocó sus gritos y que
culminó en el orgasmo de ambos, él derramándose sobre el tórax de Envy,
y Envy dentro suyo, tras un ronco y prolongado gemido.

Los dos
cayeron sobre la cama suspirando, satisfechos. Aún se encontraban muy
agitados por el ejercicio, así que permanecieron inmóviles y
silenciosos, cada uno recuperando el aliento en un extremo de la cama,
hasta que Edward hizo algo inesperado: tomó a Envy de la mano y,
mirándolo fijamente a sus ojos violáceos, le dijo: —Te quiero.

Y
Envy habría querido reír. Desternillarse, burlarse, retorcerse de la
risa... Sin embargo, dentro de todas aquellas tentadoras opciones,
simplemente entrecerró los ojos y sonrió. Qué maldito sentimiento fue el
que lo llevó a responder con semejante gesto fue lo que intentó
averiguar en los siguientes veinte minutos que se mantuvieron de la
misma forma, tan solo mirándose. Era como si se entendieran con la
mirada, aunque en realidad no se decían nada. Como si todavía fuesen
uno. ¿Es que acaso le alegraba saber que Edward lo quería? ¿Deseaba que
lo quisiera y lo adorara como una imbécil colegiala? No, era más que
eso. Era un deseo de posesión, de hacerlo suyo, de convertirlo en el
fiel compañero y cómplice de todos sus caprichos. Al diablo con todo...
Ese rostro, ese cuerpo, esa piel, ese aroma, esos ojos... no podía
dejarlos ir.

No iba a dejarlos ir.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:38 pm

—... I don’t want to talk to you, I
just want bang bang bang... I don’t want to know your name, I just want
bang bang bang... I don’t want to meet your mom, I just want bang bang
bang
...

Envy encendió las luces de su departamento, llevándose un susto de
muerte al ver a un hombre sentado en el sofá, quien lo observaba...

—¡Greed!—exclamó, llevándose una mano al pecho.—¡Mierda! ¡¿Acaso quieres matarme?!

—Buenas noches, amor mío... —lo saludó el castaño, ignorando sus
insultos, al tiempo que elevaba un vaso cargado de cerveza en un gesto
de brindis.—Hacía rato que no te visitaba, y tenía muchas ganas de
verte.

El peliverde bufó, algo fastidiado, y se dirigió hacia su habitación
para dejar sus cosas y cambiarse de ropa, aunque también hubiese querido
cerrar la puerta con llave y permanecer allí encerrado oyendo música
hasta que el otro se hubiese ido. Tal como esperaba, sintió los pasos de
Greed siguiéndolo. Antes de que pudiese darse vuelta, éste ya lo había
abrazado por detrás.

—Déjame... Estoy cansado—se quejó, intentando en vano que lo soltase.

—¿De nuevo cansado? ¿No que sólo quieres bang bang bang?... Vienes de lo de tus hermanos, ¿verdad? ¿Ya los liquidaste?

—A-aún no...—le tembló la voz al sentir la mano de Greed colándose en sus pantalones y comenzando a acariciar su miembro.

—Hueles a sexo... —le susurró muy despacio al oído, y Envy supo que había una amenaza implícita en sus palabras.

—Y tú a alcohol.

Entonces, oyendo sus propias palabras, el ojivioláceo recordó algo que le había dicho a Edward durante su primera visita: “Las drogas y el alcohol pueden potenciar la frustración que se siente tras un rechazo sexual.”
Obviamente, él se había negado a drogados y a borrachos un centenar de
veces, pero había algo en el tono torpe de Greed que no le gustaba.

—Al menos... al menos déjame que te la chupe. Sólo eso...

Accedió de mala gana a sentarse sobre la cama mientras Greed se
arrodillaba en el suelo y le bajaba con cierta rudeza el pantalón y la
ropa interior. Y cuando éste tomó su miembro con ambas manos y comenzó a
deslizar su lengua húmeda en él, sólo pudo pensar en una persona...
Edward. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, imaginando que
quien en ese momento engullía golosamente su sexo era aquél hermoso
muchacho, y ese pensamiento lo excitó tanto que al poco tiempo se vino
en la boca de Greed, quien tragó hasta la última gota de semen mientras
se venía sobre su propia mano.

—¿Lo ves? No fue tan terrible después de todo... —dijo el castaño cuando
se dirigía al baño a lavarse las manos. —Bien... ya me tengo que ir.
Nos vemos mañana en el ensayo... A menos que antes quieras un poco de
bang bang bang, ¿eh?

Y dicho esto, se acercó a darle un beso de despedida en la boca, y se
retiró. Envy suspiró y se dejó caer sobre la cama, exhausto.


La tarde siguiente, apenas despertó, abandonó su departamento y fue
hasta la casa de su nuevo amante. No esperaba que Edward abriese la
puerta dos segundos después de que la golpease, con el rostro sonrojado y
vestido con un pantalón de jean arrugado y una camisa negra
desabotonada que dejaba su pecho al descubierto, como si lo hubiese
estado aguardando durante todo el día.

—Te tardaste mucho...—le dijo, haciendo pucherito.

Envy sintió cómo un calor lo recorría de arriba abajo, concentrándose
especialmente en su entrepierna, al ver tan seductor y apetecible
espectáculo. Se arrojó sobre él y lo empujó hacia la mesa, en donde lo
hizo sentar para poder tenerlo a su altura y tocarlo a su antojo.

—¿Y tu hermano?—le preguntó mientras le arrancaba la camisa con impaciencia.

—No... no está...ah... Salió con sus amigos de la escuela...

—¿Eso quiere decir que te tengo todo para mí, para hacerte todo lo que yo quiera?

—Sí... ¡Tócame! ¡Tócame, Envy!—suplicó, tomándole la mano y conduciéndola hasta su miembro ya erecto.

El peliverde no supo exactamente la causa de semejante desesperación en
el joven, y aunque creía tener una idea de las razones, prefirió
disfrutar de ello antes que ponérselo a cuestionar. Tuvieron sexo sobre
la mesa, en la cocina, durante la ducha, contra la pared, en el suelo,
en todas las posiciones que pudieron imaginar... y Edward parecía no
cansarse nunca. De haber sabido que se trataba de semejante diamante en
bruto, Envy jamás hubiese siquiera imaginado la posibilidad de
asesinarlo.

—Hoy en la noche... Tienes que venir a nuestro concierto... —dijo, una vez que decidieron tomarse un descanso.

—¿Al concierto? Pero... no puedo.

—¿Por qué no?

—Porque... tengo miedo...

—Edward... —declaró seriamente, mirándolo a los ojos.—No te pasará nada mientras yo esté cerca, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. Confío en ti, Envy.

—No—lo corrigió.—No utilices esa palabra. Nunca, jamás, confíes en
nadie. Ni siquiera en mí. La confianza que depositas en otra persona se
convierte en una debilidad. Y tú no eres débil.

Edward asintió en silencio. No entendía muy bien por qué Envy le decía
aquello, pero supuso que sus intenciones no debían ser malas al
decírselo.

—No seré débil—respondió, y se quedó dormido entre sus brazos.


La noche llegó finalmente, y las luces del antro se encendieron para
recibir al grupo musical. Envy había tenido que asistir al ensayo
algunas horas antes, pero al agudizar la vista logró divisar a Edward
entre el público, exactamente en el lugar donde le había indicado que
estuviese. Cantó como de costumbre, o quizá mejor, unas diez u once
canciones y, una vez que el espectáculo hubo terminado y el telón fue
cerrado, bajó del escenario y se perdió entre la gente hasta dar con
Edward.

—Ven. Hay algo que tienes que ver—le dijo, y lo instó a que lo siguiera.
Se abrieron paso hasta un pequeño rincón oscuro desde el cual podía
apreciarse casi toda la superficie del antro y los sujetos que estaban
en él, pero nadie podía notarlos a ellos. El peliverde se apoyó sobre un
pequeño trozo de pared que sobresalía a la altura de sus caderas y que
le servía de asiento, y le hizo señas a Edward para que se sentara sobre
su regazo. —Ahora, abre bien los ojos y presta mucha atención.

Todo le pareció muy extraño al rubio, ya que lo que sucedía enfrente
suyo era bastante normal y no creyó ver nada que mereciera su especial
observación. El recital había terminado, algunos se iban, otros se
quedaban... No sabía para qué, pero allí estaban, y no parecían tener
ninguna intención de retirarse. Fue a los pocos minutos que descubrió la
razón de su permanencia. Tal como le había dicho el otro, abrió grandes
sus dorados ojos y casi no dio crédito a lo que ellos le mostraban
cuando los presentes comenzaron a desnudarse y a hacer lo que solían
hacer cada vez que concluía un nuevo recital de Pewflexxx.

—¿Qué... qué es esto? ¿Por qué...? ¿Qué están haciendo?—preguntó, completamente turbado.

—Míralos... ¿no son hermosos?

Edward tembló, y apenas sintió cuando Envy le bajó la cremallera del pantalón y comenzó a masturbarlo.

—¡No! ¡Déjame! Esto... ¡Esto es enfermo!

—Shh... Tranquilo... No tienes por qué temer. Sólo míralos. Disfrútalos como yo lo hago.

Permaneció entonces inmovilizado hasta que ya no tuvo fuerzas para
resistirse, y su miembro paulatinamente se fue levantando frente a la
gran orgía que se originaba delante suyo. ¿Cómo era posible? ¿Es que
acaso estaba disfrutándolo?

—¿Lo ves? Te dije que te gustaría... …ste eres tú... tu verdadero yo
quien se halla detrás del niño bueno que todos quieren aparentar ser.
Edward es sólo lo que el Mundo ha hecho de ti. …ste... el que siente, el
que desea, el que ama, el que odia... éste eres tú. —Sonrió de lado con
satisfacción y acercó los labios a su oreja, empapando sus sensibles
sentidos con su húmedo aliento.—... y eres igual a mí, porque llevamos
la misma sangre.

—¿La misma... sangre?

—Sí... la misma. Dime: ¿qué piensas de tu padre, Hohenheim?

—¿Eh? ¿P-por qué lo preguntas?

—Sólo dímelo. Pero que no sea Edward quien conteste, sino tú.

El joven suspiró, colmándose su mente de un millar de pensamientos que
no pudo procesar con claridad: la orgía, las extrañas palabras de Envy,
el placer que éste le estaba dando a su sexo... Simplemente, no pudo
contenerse.

—Lo odio—contestó sin rodeos.

La sincera respuesta produjo una carcajada en Envy, quien lo persuadió
para que no se detuviera. —Anda, continúa... Dime que te encantaría
insultarlo, y golpearlo, y torturarlo hasta que su vida haya expirado.

—Pero él... ah... él es mi padre...

—Dímelo... y experimentarás la satisfacción de sentirte tú mismo.

Y sin más, se lo dijo. Le dijo que deseaba con todo su corazón gritarle
en la cara que la muerte de su madre y la tristeza de su hermano pequeño
e incluso su adicción a las drogas era culpa suya. Que ni siquiera con
destriparlo y triturarlo lograría calmar el odio que por tantos años
había guardado por él. Y cada palabra que pronunciaba, era una oleada de
placer tanto para él como para Envy. Su orgasmo llegó en el mismo
momento en que aseguró que si llegaba a encontrarlo alguna vez, lo
estrangularía con sus propias manos.

—Muy bien... así se hace, mi pequeño—lo felicitó el peliverde,
acariciando su cabello y su rostro cubiertos de sudor para aminorar su
agitación.—Tú ya no eres Edward. A partir de ahora, te llamarás Pride;
tu yo verdadero.

—¿P-Pride?

—Así es... Pride... Mi bello y delicioso Pride.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:38 pm

Apenas había comenzado a aclarar el cielo
cuando Envy arribó a su departamento, cansado pero más satisfecho que
nunca. Había permanecido más tiempo en el antro de lo que solía hacerlo,
ocupándose de pervertir la mentecilla de su querido “Pride” de todas
las formas habidas y por haber. ¡Ah! Qué oportuno le iba ese nombre,
pues jamás en su vida había sentido tanto orgullo de sí mismo. Sonriendo
de oreja a oreja se metió en la ducha y dejó que el chorro de agua,
casi hirviente, le pegara de lleno en el pecho, enrojeciéndole la piel
blanquísima. Edward Elric... El infierno en que su padre convirtiese su
vida ya no se veía tan terrible ahora que uno de sus hijos le pertenecía
por completo.

—Edward Elric... —repitió en voz alta para sí, notando cómo el sonido
del agua al caer se llevaba una a una las sílabas de aquél nombre. Se
estremeció de pronto, sin razón aparente. Infiltrado entre tantos
pensamientos optimistas y vanagloriosos pudo dilucidar un mal
presentimiento. Qué significaba exactamente no supo deducirlo con
exactitud, pero en menos de un minuto se encontró vistiéndose nuevamente
y saliendo de su departamento a toda velocidad.

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No era que le molestase el hecho de que su hermano saliera una noche a
divertirse. En absoluto. En realidad, de cierta forma, le aliviaba que
Edward finalmente tuviera los ánimos necesarios como para poner un pie
fuera de la casa. Que saliera con Envy, quien había demostrado ser una
excelente persona, comprensiva y de buena disposición, era una razón
menos por la que preocuparse. Sin embargo, las horas pasaban y no había
rastros, ni de su hermano ni de su amigo, y la idea de que le volvieran a
hacer algo horrible como la otra vez le helaba la sangre. No, no tenía
por qué alarmarse tanto. Su hermano estaba bien acompañado, y aquello no
volvería a pasar. Lo mejor era disfrutar de la velada que había
organizado en casa, aunque la película hubiese terminado y su invitada
se encontrase dormida sobre su hombro desde hacía más de dos horas.

Ding-dong.

Se levantó de un salto del sillón, arrojando al suelo las palomitas que
se habían acumulado en su regazo y, por poco, también a su adormecida
compañera.

—¿Qué ocurre, Al?—preguntó ésta, parpadeando, confusa.

—No es nada, Winry. Mi nii-san acaba de tocar el timbre. Enseguida regreso.

Alcanzó el vestíbulo a zancadas, sonriendo de alivio.

—¡Nii-san! ¡Ya me estaba preocup...!

Antes de poder terminar su frase, se quedó perplejo frente a la persona
que aguardaba en la puerta, que lejos se encontraba de ser su hermano.
Seguro estaba de que no era el sueño que le engañaba la vista, ni los
rayos del sol naciente que le pegaban de lleno en el rostro. No. Creyó
enmudecer, hasta que finalmente pudo pronunciar la palabra: —Papá...

Una sonrisa se formó en el rostro del hombre rubio y de facciones
amables ante el reconocimiento. Profirió un gesto de asentimiento con la
cabeza y luego dijo: —Alphonse, hijo mío. He vuelto.

Padre e hijo entraron en la casa irradiando felicidad, aunque el pequeño
Alphonse no pudiese saborear el tan esperado reencuentro debido a las
infinitas preguntas que se amontonaban en su mente. Después de todo, él
los había abandonado, a su familia, sin dejar rastros. Sin embargo,
ahora había regresado y aquello del abandono quedaba atrás, ¿verdad?
Podrían volver a ser una familia feliz.

—¿Y Edward?

Enseguida la expresión de Alphonse volvió a ensombrecerse. Semejante conmoción le había hecho olvidar su preocupación.

—Salió con un amigo. Creí que eras él cuando llamaste a la puerta.

—Ya veo—respondió su padre.—Mis hijos han crecido... Deberé acostumbrarme a ese hecho.

—Papá...—dijo el joven.—¿Adónde fuiste? ¿Dónde estuviste todos estos años?

Ahora era la alegría del hombre la que parecía esfumarse de sus
facciones. Desviando la mirada, suspiró con pesadumbre. —He tenido
tantos problemas... Me avergonzaría contártelos.

Alphonse, mitad apenado y mitad picado por la curiosidad, se hubiese
animado a preguntarle qué tipo de problemas había sufrido, si no fuera
porque en ese momento Winry apareció en el salón.

—¿Y esta bella señorita quién es?

—¡Ah! Te presento a Winry. Winry, él es mi padre—los introdujo.

—Hohenheim Elric, para servirte.

Encantada, la chica lo saludó de la forma más educada que le fue posible
a pesar del sueño. Si la memoria no le fallaba, el padre de su amigo
había abandonado a su familia hacía mucho tiempo. O a Alphonse se le
había pasado contarle algo tan importante, o se encontraba presente en
un momento muy especial.

Ding dong.

—¡Oh! Ahora sí debe ser mi nii-san. Iré a abrirle.

Winry y Hohenheim aguardaron en silencio, de pie, mientras el joven corría nuevamente hacia la entrada.

—¿Y hace cuánto que sales con mi hijo?—preguntó el hombre, intentando romper el hielo. La muchacha enrojeció al instante.

—¿Eh? ¿Salir? No, señor. Yo sólo soy una amiga.

Ambos rieron, incómodos. Definitivamente, Alphonse y Edward se estaba tardando demasiado.

De pronto, Winry gritó. Hohenheim estuvo a punto de preguntarle qué le
sucedía, hasta que vio a su hijo siendo arrastrado desde el vestíbulo
por un desconocido que lo amenazaba apoyándole una pistola en la sien.

—¿Dónde está Edward?

Al no obtener respuesta, el malhechor arrojó al ojiavellana junto a los
demás, reiterando su pregunta mientras iba apuntando a cada uno.

—¿Quién eres tú y para qué estás buscando a Edward?—preguntó Hohenheim en un tono brusco.

—Mi nombre es Greed—contestó.—Y busco a su hijo para matarlo. ¿Que no es
obvio? Ahora es mi turno: ¿quién es usted que se atreve a hablarme de
esa forma?

—¡Soy el dueño de esta casa!—exclamó.

Greed, algo turbado, arqueó las cejas mientras se rascaba la nuca con su pistola. —¿Es usted el padre de Edward y Alphonse?

—Así es.

Una sonrisa socarrona se formó en el rostro del sujeto al oír que sus conjeturas eran ciertas.

—¿... y también de Envy?

Hohenheim palideció en el mismo momento en que el aire se colmó de las
risotadas del tal Greed. Aparentemente, no necesitaba siquiera
responder. Alphonse observó la reacción de su padre, boquiabierto, pero
no se atrevió a decir nada.

—Veo que tenemos aquí una hermosa reunión familiar—rió el intruso.—Esto será más divertido de lo que imaginé.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:38 pm

Lo que experimentaba en la cabeza, no
sólo en la parte física concerniente a los órganos escondidos bajo el
cráneo, sino también en la mente y en una aureola que parecía superar
por algunos centímetros los lindes del cuerpo, más que de dolor se
trataba de aletargamiento. Sentía todos los músculos, en especial los de
la cara, en exceso relajados, lo cual aportaba a su sensación de
liviandad. A veces olvidaba hacia dónde se estaba dirigiendo, por lo que
se veía obligado a detener la marcha para hacer memoria. Veía pero no
veía. Frente a sus ojos, vacíos y carentes de brillo, así se les
hubiesen antojado a cualquiera que los observara en ese momento, se
repetían sin pausa ni orden escenas de cuerpos humanos, desnudos,
sudados, amontonados unos sobre otros, gimiendo de gozo y de excesos. Y,
detrás de ese aglutinamiento deforme, casi monstruoso, pero aún así
extrañamente tentador, una figura delgada y de refulgentes ojos
violáceos pronunciando un nombre, una y otra vez. …l también lo repitió,
saboreando cada sílaba:

—...Pride... Pride... Pride... Yo soy Pride... Yo soy...

Se paró en seco casi de un salto al reconocer la puerta. Ahora se
acordaba; estaba dirigiéndose a su casa. Su casa, en donde vivía con su
hermano Alphonse, su asquerosamente inocente hermano Alphonse, tan
inocente que no había acertado en descubrir lo hundido y atormentado que
estaba quien vivía bajo el mismo techo. Su casa, en donde había vivido
su madre, quien lo abandonó cuando más creía necesitarla. Su casa, en
donde había vivido su padre; no encontraba palabras suficientemente
abominables para cualificarlo. Se dio cuenta que de pronto sentía
demasiado, que su corazón latía muy rápido, que tanto destape de
sentimientos le provocaba náuseas. Sin ganas de buscar su propia llave,
oprimió el botón del timbre.

De haber contado con su percepción normal del entorno, habría oído voces
lejanas dentro y le hubiese parecido extraño que tardaran tanto en
abrirle. Pero no pensó en nada similar ni se movió hasta varios minutos
después, cuando los cerrojos crujieron y detrás de la puerta pintada de
color crema apareció un rostro conocido.

—Ed... —dijo la rubia muchacha con un hilo de voz. Sus ojos azules,
vidriosos, intentaban comunicarle algo que su boca no se animaba a
advertir. Los labios le temblaban.

Pero para él, que tenía la mirada y la mente en un sitio bastante
lejano, los signos de esa realidad eran mudos e invisibles. Comenzó a
caminar hacia el frente, obligando a la muchacha a hacerse a un lado y a
empacharse con sus advertencias indecibles y sus temores.

—¡Bienvenido!—oyó que una voz desconocida exclamaba con entusiasmo
apenas la claridad de la sala de estar lo cegó casi por completo. En
cuanto recuperó la capacidad de ver, lo primero que le llamó la atención
fueron dos bultos que yacían sobre el suelo. En uno de ellos reconoció a
su hermano menor, atado de pies y manos y amordazado. Y en el otro,
encontrándose en las mismas condiciones, reconoció a... No. Imposible.

—Tú...

“... ¿qué haces aquí?”, fueron las palabras que se sucedieron en sus
pensamientos. Durante una milésima de segundo se desorientó,
preguntándose dónde demonios las había oído. Sin embargo, enseguida
retornó a la situación. No había tiempo para otra cosa. La sangre
parecía haberse suicidado de su cuerpo con tanta violencia que le dolían
las venas. Su corazón insistía en enterrársele en el estómago.

—¡¡NOO!!

El agudo grito femenino lo forzó a girarse sobre sus talones por acto
reflejo. Pronto comprendió el motivo de tan estridente sonido: alguien,
un hombre joven, le apuntaba directamente a la cabeza. Esa cabeza que
hasta hacía unos minutos se hallaba tan adormilada, tan volátil, y ahora
amenazaba con explotar en cualquier momento debido a semejantes niveles
de aturdimiento. Al hombre no lo conocía. Winry, la chica rubia(acababa
de atrapar su nombre de entre las miles de palabras que viajaban por su
mente a la velocidad de la luz), lloraba.

—No es mi intención matar a la muchacha, Edward, así que si haces lo que
te ordeno y la inmovilizas del mismo modo que ella tan obedientemente
ató a tu padre y a tu hermano, la dejaré con vida.

Winry lloraba con más ganas, balbuceando —¡Perdón! ¡Lo siento!—entre lágrimas y gimoteos. El aludido no se movía.

—¿No piensas hacerlo?—continuó el extraño. —Bueno, tu amiguita accedió a
abrirte la puerta calladita la boca porque le aseguré que si se negaba
mataría a Alphonse, cosa que de todas maneras pienso hacer, así que está
bien que no confíes en mí. Yo tampoco lo haría—agregó con sorna,
mostrando sus dientes un poco filosos tras esbozar una macabra sonrisa.
Al no vislumbrar, nuevamente, ninguna reacción de parte del muchacho,
estiró la mano para tomar a Winry por los cabellos y la arrastró hasta
el baño, cerrando la puerta detrás de ella y colocando una silla para
evitar que escapara. —¡Y nada de gritos o tendré que matarte a ti
también!

Por unos instantes permanecieron callados, oyendo el llanto entrecortado
proveniente del baño. Luego, Alphonse, quien había logrado deshacerse
de la mordaza, interrumpió el falso silencio:

—¿Qué quieres? ¿Por qué nos haces esto?—quiso saber, habiendo reconocido a Greed como el guitarrista de Pewflexxx.

—¿Que qué quiero? Mh... Digamos que estoy haciéndole un favor a alguien.
Mi amante es terriblemente lento, así que me ocuparé de lo que él ya
tendría que haber hecho.— Extrajo un cuchillo de una de sus botas de
cuero y se acercó a Edward, quien no había dejado de observarlo
fijamente, aunque sin expresar absolutamente nada con su mirada.
—Veamos... ¿qué te habría hecho él? Bueno, más allá de todo lo que ya te
hizo. Quizá... quizá te habría arrancado uno de esos lindos ojitos
dorados que tienes.

Alphonse chilló de terror cuando Greed apoyó la punta del cuchillo sobre
el párpado superior de su hermano mayor, pero Edward ni se movió.

—Vamos... ¿No vas a gritar? ¿A suplicar clemencia? ¿Ni siquiera a temblar?

Nada. El rubio parecía en trance aún con los ojos fijos en los del
guitarrista. Apenas se lo notaba respirar. Aquella actitud irritó
muchísimo a Greed, quien, sin pensarlo, le asestó un fuerte golpe con la
culata de la pistola en la cabeza.

La habitación se colmó de los gritos de un atemorizado Alphonse, pero ninguna visible reacción se produjo en Edward.

—¿Así que quieres hacerte el duro, eh? Bien... entonces, te arrancaré
los dos ojos y te los haré tragar, y luego te cortaré todos los dedos de
las manos y te los introduciré uno a uno en el trasero antes de hacerle
lo mismo o algo peor a tu hermanito. ¿Qué te parece? ¿No te parece nada
eso?

Y, como la respuesta a todas las amenazas fue siempre la misma, Greed
perdió todo control sobre sí mismo y le clavó la hoja entera del
cuchillo en uno de sus hombros para finalmente oír el tan esperado grito
de dolor de su víctima. …sta cayó de bruces al suelo, notando cómo una
mancha color bordó se expandía en su ropa. El dolor era tan real, tan
real...

—¿Sabes, chico?—le dijo, viendo cómo éste se retorcía con el frío metal
aún incrustado en su profunda herida.—No son de gustarme este tipo de
cosas, pues la tortura y el sadismo son más asuntos de mi amante. Pero
si hay algo que me enfurece, es que toquen mis pertenencias... ¡Mis
pertenencias no-se-tocan!—exclamaba mientras aferraba el mango del
cuchillo para agrandarle la herida.

Fue en el instante en que Edward creyó que se desmayaría a causa del
sufrimiento, cuando se oyó a la puerta de entrada abrirse de un golpe.
Greed intentó recuperar su arma del cuerpo del joven, pero aquella se
encontraba demasiado hundida, así que no logró extraerla ni tampoco
hacer reaccionar la mano que llevaba la pistola antes de que Envy le
diera una patada que terminó por arrojarlo al suelo.

—Pero miren quién llegó a la fiesta—dijo el castaño, incorporándose sin
dificultad y aprovechando que Envy no se había acercado lo suficiente
para apuntarle. …ste, reparando por primera vez en el arma de fuego,
apretó los dientes y se recriminó el haber escogido un amante tan
imbécil.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:38 pm

—¿Qué forma de agradecerme es esa? ¿No me
vas a dar las gracias por dejarte a los mocosos en bandeja?—cuestionó
Greed, medio en serio, medio en broma(porque había que ser demasiado
idiota para no intuir el curso que había tomado la relación entre esos
dos), alejándose con cautela de Envy para evitar un posible ataque de su
parte.

—Cállate, Greed. ¿Qué mierda tenías pensado hacer?

—¿Mierda? La misma mierda que tú. ¿O me equivoco?

—¡Cállate!

—Oh, y veo que aún no te has percatado de la pequeña ofrenda extra que te espera detrás de ti—agregó el castaño, entornando los ojos y sonriendo con satisfacción.

Envy le dirigió una mirada de desconfianza, sabiendo que el tipo podría
llegar a ser casi tan despiadado e hijo de puta como él, pero su
curiosidad no le permitió resistirse. Y cuando finalmente echó un
vistazo por encima del hombro, lo vio. A él, ¡sí, a él! Al maldito, al
bastardo, al que había sido más hijo de puta y más patético que él y
Greed juntos. Quiso gritar algo, probablemente un balbuceo similar a un
insulto, pero el disgusto y al mismo tiempo la excitación por ver ese
rostro eran tales que se le había secado la boca. No siendo capaz de
hacer ni pensar nada más, se acercó con rapidez a Edward, su hermoso
Pride que ahora no ocupaba ningún lugar en su mente, quien se hallaba
aún de bruces en el suelo, le arrancó el cuchillo del hombro, ignorando
su alarido de dolor, y dio grandes zancadas con el firme objetivo de
atacar a su progenitor.

Greed hizo una buena elección, pues ninguna otra cosa hubiese detenido
al febril deseo de sangre de Envy que no fuera el disparo que efectuó a
la pared más cercana a éste. El peliverde se paralizó, rogando que la
bala no hubiese sido dirigida a la única persona que le importaba que no
muriese aquella noche. Se giró muy despacio, con los ojos muy abiertos.
El corazón parecía latirle en los oídos. Edward estaba ahora del todo
acostado sobre el piso, profiriendo roncos gemidos y apretándose la
herida del hombro con fuerza. No parecía haber sido lastimado en ningún
otro lugar. Liberó el aire de sus pulmones, aliviado.

—No, amor mío. Yo tengo el arma más grande, así que las cosas se harán a
mí modo. Nadie morirá hasta que yo lo ordene, y cuando lo hagan será
del modo en que yo lo ordene, ¿entendido?

—Si serás un hijo de puta, bueno para nada...

—¡Shh! No estás en posición de insultarme, cariño. Ahora, suelta el cuchillo o le vuelo los sesos a tu amado Edward.

El aludido se mordió la lengua, reprimiendo un millón de insultos.
Conocía sobradamente a Greed y sabía que hablaba en serio. La situación
era tan perfecta, tan sublime, y él tenía que estar allí, arruinándolo
todo con su estupidez innata. Muy a su pesar arrojó el cuchillo, no
dando con ninguna solución que les salvara el pellejo a él y al recién
nacido Pride.

—¿Y qué vas a hacer?—preguntó, con asco en la voz y en la expresión del rostro.—¿Me vas a matar a mí también?

—Quizá. No lo sé. Estoy improvisando. ¿Qué, no se nota?

“Tu cerebro es una improvisación”, quiso contestarle.

—Bien, ahora toma esa soga que está sobre la mesa y ata a Edward.

Obedeció sin mencionar palabra. Luego del disparo, los sollozos de la
joven que se hallaba encerrada en el baño se habían hecho constantes y
más fuertes. Envy se preguntó quién demonios sería y qué perversiones
tendría reservadas el secuestrador para ella. Mientras tomaba la soga de
la mesa le dirigió una mirada fugaz a Hohenheim. …ste lo observaba con
incredulidad y horror. Era tan patético como lo recordaba. No se detuvo
mucho a mirarlo. Temía que las ganas de torturarlo y asesinarlo fueras
más de lo que pudiera resistir. Sin duda, sus sentimientos por Edward,
sean éstos los que fueren, lo habían vuelto débil. Pero continuaba
resistiéndose a resignar a él. De Hohenheim podría encargarse después,
luego de darle su merecido a Greed.

Tuvo suerte. En cuanto se acercó al ser doliente que era Edward, Greed
no volvió a tomar la precaución de alejarse para dejar suficiente
distancia. Aprovechó semejante descuido para dar un gran salto y
abalanzarse sobre él, provocando que ambos cayeran al suelo. El arma se
disparó, haciendo un agujero en el techo. Luego, se oyó el sonido del
metal pesado impactando contra el suelo. Envy y Greed se batían ahora en
un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Ninguno de los dos era mucho mejor
que el otro, aunque Envy era notablemente más ágil y escurridizo, y
Greed más fuerte, cualidad que terminó por otorgarle la victoria.
Aferrando al otro por la verdosa cabellera, le asestó la cabeza una y
otra vez contra la pared más cercana hasta que la cantidad de sangre
manante le pareció la apropiada.

Alphonse sollozaba, convencido aún de que Envy estaba de su parte.

—Bien...—dijo Greed, rengueando hasta la mesa luego de volver a tomar su
arma, y arrastrando a Envy de los cabellos. Sonrió al ver que Edward
estaba perfectamente despierto, observando lo que sucedía a su
alrededor.—Ya que estamos todos reunidos, ¿no te gustaría saber lo que
tu querido Envy te hizo aquella noche? Aunque ni él mismo recuerde qué
demonios te hizo... Tú sabes, el efecto de las drogas y todo eso.
Imagino que no le habrás creído cuando vino a tu casa con el cuento de
que era una buena persona y pretendía ayudarte, ¿no? Porque en
realidad... —continuó mientras colocaba a Envy boca abajo sobre la mesa.
…ste apenas profirió un quejido, pues los tremendos golpes en la cabeza
lo habían dejado inmovilizado—... en realidad, él vino aquí para
matarlos a ambos y así deshacerse de todos los que supieran acerca de
las cosas horrendas que cometió contigo, Ed.

Se acercó a Envy y le quitó los mechones verdes de la cara, asegurándose
que por un buen rato no tendría fuerzas suficientes para resistirse. No
sabía qué haría con exactitud, pero no tenía dudas de que le habían
estado tomando el pelo, y alguien debía pagar por ello. Comenzó a
desabrocharle los pantalones, oyendo los sollozos del pequeño Alphonse
como el único sonido de la casa, además de la respiración agitada de
Envy.

—Permítanme hacerles una demostración de ello en vivo. Aunque, lamento
informarles, tendrá que ser una adaptación más suave ya que debería
utilizar el cuchillo, y está un poco lejos.

En el momento en que lo penetró, de un movimiento rápido y sin
lubricación alguna, Envy apretó los puños y los dientes, profiriendo un
escalofriante grito de dolor. Estaba aturdido y mareado, pero no lo
suficiente como para no sentir el miembro de Greed haciéndose paso con
brutalidad entre sus músculos rígidos y el sufrimiento que esto le
provocaba. Sus quejidos, ásperos y entrecortados, se entremezclaban con
las esporádicas risas de su agresor y el siempre insistente llanto de
Alphonse, cada vez más desesperado.

—He cambiado de parecer—comentó Greed de pronto, observando que Edward
se esforzaba por ponerse de pie. Había detenido sus envestidas pero no
parecía dispuesto a separarse del cuerpo del peliverde. —No mataré al
hermano menor a cambio de algo: Edward, toma el cuchillo; vas a asesinar
a tu padre.

—¡No!—exclamó Envy, como volviendo de la muerte por la simple idea de
que sería otro y no él mismo el asesino del bastardo. Demasiadas veces
había fantaseado con ello, demasiadas veces lo había planeado, anhelado y
ensayado en su imaginación. —¡No te atrevas, Greed! ¡No te...! ¡Agh!

Los huesos y la garganta de Envy gimieron al unísono en el momento en
que sus brazos fueron sujetados a la fuerza detrás de su espalda.

—Claro que me atrevo. Y creo que él también.

Y tenía razón. Sin rechistar, Edward se había agachado, no sin torpeza,
para recoger el cuchillo cubierto de su propia sangre. Miró a su padre, y
luego a su hermano menor, y luego otra vez a su padre. Apretó sus dedos
alrededor del mango del arma para sostenerla con firmeza.

—Edward... te juro que si lo haces... mataré yo mismo a Alphonse...—amenazó Envy con dificultad.

—Y yo puedo matar en cualquier momento a quien se me antoje,
incluyéndote a ti, así que no amenaces al aire. Ah, y Edward, quiero que
lo mates de la forma más instantánea que se te ocurra; dale al corazón,
o a la cabeza, donde sea que lo mate rápido y sin dolor, ¿de acuerdo?

Envy apenas atinó a quejarse, incómodo, violado y lastimado como estaba.
De haber tenido una mínima oportunidad de detener la basura que acababa
de maquinar aquel idiota, la hubiese puesto en práctica. Pero no podía
ni moverse ni ya casi hablar. Tan sólo le restaba quejarse, y no quería
dar el gusto de hacer tal cosa.

Edward, lenta pero decididamente, avanzaba hacia el objetivo que le
habían encomendado. Hohenheim intentaba decir algo, o quizá gritar de
desesperación, bajo la mordaza. Alphonse le rogaba que se detuviera. A
varios se les ocurrió que quizá ni siquiera hubiese sido necesario
proponer ninguna tregua; puede que Edward hubiese actuado de igual forma
aún sabiendo que todos serían asesinados.

Mientras levantaba el brazo para cobrar impulso, oía un coro repitiendo “¡No! ¡No lo hagas!” a su alrededor.

—¡¡Nii-san!!

—Lo siento, Al... —habló el rubio por primera vez.

—¡¿Pero qué dices, nii-san?! ¡Es nuestro padre! ¡No puedes hacerlo! ¡No puedes!

—Lo siento—repitió en el mismo tono apagado de voz. —Pero no puedo
hacerlo. No sé si este tipo te hubiese dejado ir de haber hecho lo que
me pedía, pero... No puedo hacerlo.

—Nii-san... —suspiró el menor. Las lágrimas acumuladas en sus ojos no le
habían permitido notar cómo le había temblado a su hermano la mano que
empuñaba el cuchillo.

La sonrisa de alivio que se había formado en el rostro de Alphonse
resultó tan incongruente con la situación que éste enseguida se preocupó
por borrarla. No existía, sin embargo, nada más lejano al alivio en el
rostro o en la mente de Edward.

—Tsk... Qué aburrido—se quejó Greed antes de apuntar y disparar.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:39 pm

El alarido en el que todos habían prorrumpido había sido tan
escalofriante que pocos de los presentes creían haber oído algo así
antes. Cada espacio, cada centímetro de la casa se había colmado de él.
Todos los objetos y el mobiliario habían gritado. La casa había gritado.
El responsable de semejantes clamores, en cambio, reía con ganas
mientras la sangre se expandía bajo el cuerpo inmóvil y ya sin vida.
Hohenheim yacía, por fin, sin vida. El suelo, frío y duro, sostenía su
cuerpo como un altar tosco y mal improvisado. Los demás, ahora callados y
atónitos, incrédulos, pronunciaban en silencio sus oraciones, sus
maldiciones.

Aquél había sido el peor error de su vida. Oh, indudablemente lo había
sido. Porque Envy, aún sujetado por mil ataduras y con todos los huesos
del cuerpo rotos, hubiese sido capaz de revolverse y luchar hasta
liberarse, como efectivamente lo hizo. La pistola, nuevamente, voló
lejos. Por algún capricho del Universo, cayó a los pies de Edward.

¿Qué estaba ocurriendo? El hombre que los amenazaba, Envy, su padre...
¿estaba muerto? Todo era tan confuso. Su mente daba vueltas, vueltas,
más vueltas... y él no sabía qué debía decir o hacer. No sabía si llorar
a su padre o alegrarse, ayudar a su hermano, repudiar a Envy o a Greed,
o a ambos. Mientras las dudas y la confusión parecían haber congelado
cualquier impulso de actuar, éstos últimos saltaban, se golpeaban, se
pateaban, se mordían, como dos bestias salvajes. Envy estaba fuera de
sí. Daba la impresión de que en sus ojos se había instaurado un brillo
de pura demencia. La sangre, tanto propia como ajena, manchaba el piso y
las paredes.

De repente, como una súbita inspiración, las palabras llegaron a su
boca. El ruido que produjo el seguro de la pistola al ser jalado
distrajo a ambos rockeros de su cruenta riña.

—Yo... Yo ya lo sabía.

—¿Eh?—fue todo lo que ellos, inmóviles, atinaron a decir.

—Yo... he recordado todo acerca de aquella noche. Pero nada ha cambiado.

En el rostro de Envy se dibujó, a pesar de las circunstancias y la
insoportable frustración, una enorme sonrisa. Lo había logrado. …se era
Pride. …se era completamente suyo.

—Ahora, vete—le ordenó al guitarrista. —Ya ha habido demasiada sangre
derramada por hoy para mi gusto. Envy te dará caza, en su momento.

Por algún motivo que tenía que ver, más que con estar siendo amenazado
por un arma de fuego, con aquellos ojos helados, Greed se puso
lentamente de pie y luego, aumentando la velocidad, salió por la puerta
con una expresión que recordaba a la incomprensión y al miedo. Quizá
acabara de darse cuenta que, efectivamente, Envy concretaría su
malograda venganza con él. Y ahora no estaba solo.

Edward relajó el brazo, dejando el arma sobre la mesa. Ya no había
peligro. Luego se agachó junto al cadáver de su padre. Todavía tenía los
ojos a medio cerrar, exhibiendo una pizca del horror que habían sido
sus últimos instantes de conciencia. A su hermano menor casi se le había
ido el alma en lágrimas. Una punzada de dolor se le alojó en la parte
izquierda del pecho.

Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que el dolor no era puramente
espiritual, pues al bajar la vista se encontró con un fino dedo hurgando
en el hoyo que había dejado la hoja del cuchillo. Giró la cabeza,
hallando a Envy, quien se había acomodado detrás suyo y lo observaba de
la manera en que se observan las cosas o demasiado amadas, o demasiado
aborrecidas. Un segundo más tarde, su nuca impactaba sobre el suelo de
parquet gastado, cosa que le arrancó un torpe y breve gemido. Algunas
gotas de sangre fueron vencidas por la gravedad, cayendo del reciente
dedo invasor y deslizándose por su rostro. No experimentó miedo, sino un
arrobamiento que no era ni positivo ni negativo, pero que concentraba
toda su capacidad de percepción y atención en aquellos dientes
blanquísimos y aquellos ojos rebosantes de algún sentimiento imposible
de explicar.

—Tú... Esto no ha sido más que tu culpa... Tendría que haberte matado
desde el primer momento. ¿Por qué? ¿Por qué me he tenido que dejar
llevar tan repugnantemente?

Las frases que Envy pronunciaba se apilaban unas sobre otras y eran
apenas inteligibles, pues a su ataque de locura se sumaban sus heridas y
el gran cansancio por lo que había pasado en las últimas horas.
Resultaba normal que a Edward le costara entenderle, siendo sus hombros
zamarreados una y otra vez con extrema violencia. Sus brazos, a los
costados de su cuerpo, reposaban como peso muerto, mientras que en la
entrepierna sentía la presión que estaba provocando la rodilla del otro.
De pronto, contrario a cualquier expectativa, sonrió.

—Envy... Tú... Tú me has hecho abrir los ojos. Tú me has... creado... Aceptaré el destino que me impongas...

El aludido apretó los dientes y el agarre del hombro herido. Fue testigo
de las lágrimas que abandonaron los ojos dorados en cuanto sus manos
decidieron apretar ahora su cuello y mancharlo también de rojo. Hizo
presión, percibiendo el flujo que recorría furiosamente venas y
arterias. Parte de esa sangre era suya, al igual que la que seguía
manando de la herida mortal de su padre.

—Mierda... ¿por qué carajo tendrán que ser todos tan cursis?—se quejó.

Apenas su cuello fue liberado y el aire volvió a entrar con libertad por
su garganta, Edward se colocó boca abajo y tosió. Envy, por su parte,
se hizo a un lado, sentándose en el piso, aún maldiciendo su debilidad.
Odiaba admitir que si Pride moría, entonces el haber perdido la
oportunidad de asesinar a su padre sería en vano. Pero, más que nada,
odiaba admitir que no deseaba la muerte de Pride. Mientras se
recriminaba tales cosas, unos dedos lo suficientemente cálidos como para
contrastar con la temperatura de su piel le rozaron la mejilla. Los
ojos dorados ya no vertían lágrimas al contemplarlo. Estaban limpios.
Por el contrario, las ropas de Pride se encontraban sucias y
desgarradas, y había restos de sangre y de mugre tanto en su piel como
en su pelo revuelto. Semejante visión provocó en el peliverde una oleada
de voluptuosidad.

—Eres un imbécil, Pride.

—¿De verdad creíste que me dejaría matar?

Envy frunció el entrecejo frente a lo que le planteaba.

—¿De verdad creíste que te mataría?

—Sí.

—Creíste bien.

Antes de que ninguno dijera nada más, se fundieron en un beso profundo y
húmedo. Sus bocas sabían al gusto metálico y dulzón que tiene la
sangre, y eso les agradó.

—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?—cuestionó en un susurro el rubio una vez que se hubieron separado.

El peliverde, demasiado ocupado en ponerse de pie sin trastabillar, no
se veía muy dispuesto a responderle. Prefirió en cambio dirigirse al
baño con el objetivo de asearse un poco y así evitar las predecibles
miradas cargadas de sospecha y horror cuando saliera a la calle(cosa que
pensaba hacer muy pronto). Los huesos de su maltrecho cuerpo crujieron
un poco en cuanto utilizó su fuerza para quitar la silla que trababa la
puerta. Algo que definitivamente no esperaba era que al abrirla saliera
de allí la joven cautiva y, con ojos hinchados y enrojecidos, le
golpeara en el pecho con uno de sus puños. La muchacha también pareció
confundida al darse cuenta que la víctima de su ataque no se trataba de
la persona esperada. Ambos permanecieron inmóviles durante una fracción
de segundo. Luego, Envy descendió la mirada, encontrándose con la
pequeña mano sosteniendo el mango de una tijera. El resto de ésta había
desaparecido en su pecho, de donde comenzaba a manar un líquido oscuro.

—Qué demo... —logró pronunciar antes de dar unos pasos hacia atrás y finalmente caer.
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:39 pm

Envy miró a su
alrededor y suspiró, complacido. Era un hermosísimo día de primavera,
cálido, sin una sola nube en el cielo, con una suave brisa que parecía
acariciarle la piel. Desde donde se encontraba, el jardín delantero de
su nueva casa, podía oír las risas que los niños emitían mientras
jugaban. Quién hubiese dicho que alguna vez él se convertiría en tan
buen padre de tres encantadores niños, y que ello lo haría tan dichoso.
Permaneció un rato más oyendo aquel coro angelical al igual que
admirando el espectáculo que le presentaban rosas y margaritas, hasta
que se dio cuenta de que si no partía pronto, llegaría tarde al trabajo.
Como asistente de animador de fiestas infantiles no ganaba mucho, pero
al menos se sentía feliz dando una mano en lo que podía. De los gastos
más grandes, como lo eran los impuestos o los servicios, se encargaba su
esposa, la mujer con el cabello rubio más bonito que hubiese visto
jamás. Se habían conocido en una situación bastante poco propicia para
encontrar al amor de sus vidas, pero el punto es que se enamoraron casi
al instante. Ella, al verlo por primera vez, le había atravesado el
corazón(literalmente, se podría decir) para nunca salir de él.



Ahora, mientras se acomodaba la chaqueta color
caqui y cruzaba la cerca, la sonrisa de Envy se ensanchaba. El pensar en
cómo conoció a su esposa le acababa de hacer acordar el suceso que
había provocado un cambio de 180 grados en su vida. Claro, a quién no le
cambia la vida tras hallarse cara a cara con la muerte. Las tres
semanas que había pasado en terapia intensiva corriendo mortal peligro
le abrieron los ojos y lograron hacerle otorgar un nuevo valor a todas
las cosas. Había renacido.



También se acordó de su familia. De su difunto
padre, al cual le llevaba flores de cuando en cuando como muestra de
perdón. De Alphonse, su amable medio hermanito. Y de Edward(Edward, no
Pride, como tontamente se le había ocurrido llamarle), a quien ahora
trataba como debía tratar, o sea, como a un estimado hermano, sin
cometer ninguna aberración ni perversidad más. Tanto pensar en ellos le
dio a Envy ganas de visitarlos. Curiosamente, al observar su reloj
pulsera notó que había leído mal la hora y que todavía le faltaba tiempo
para entrar a trabajar. Pasaría un rato a saludarlos.



De camino a casa de su querida familia, silbó una
canción de La Oreja de Van Gogh. No conocía su nombre, pero le gustaba
mucho esa melodía. Lo ponía de buen humor y le recordaba cosas
bonitas(de su nueva vida, claro está, porque no había nada bonito que
recordar antes de eso). Un punk que transitaba en sentido contrario por
la misma acera le dirigió una mirada de pocos amigos y gritó: “¡Maricón!”,
probablemente debido a la canción que salía de sus labios. Sintió pena
por el muchacho. Apenas podía creer que él había sido muy similar en el
pasado.



—Oh, ya he llegado—se dijo para sí, reconociendo la puerta y las bonitas plantas que asomaban por la ventana del comedor.



Volvió a consultar el reloj; aún tenía tiempo.



Ding dong.



Mientras aguardaba, se acomodó el cabello. Ahora
había vuelto al negro, su color natural. Las plantas se veían bien con
el color verde, no su cabeza.



—¡Voy!—se oyó del otro lado.



A lo lejos, un pájaro cantó. Sonaba como una
tijereta. El sol brillaba tanto que tuvo que taparlo con la mano para
buscar al ave con la mirada. En cuanto escuchó que abrían la puerta y
volvió los ojos al frente, se encontró con un muchacho de rubios
cabellos alborotados y ropa de cuero ajustada que respiraba con
dificultad. Montones de lágrimas parecían haber dejado gruesos surcos
oscuros en sus mejillas.



—¿Edward? ¿Qué te ocurr...?



—¡Envy!—lo interrumpió éste.—¡NO SOPORTO QUE ME
DES TANTO ASCO!—exclamó, levantando una mano. En ella empuñaba una gran
tijera afilada.



—¡Dios mío!



Se despertó dando un alarido de horror,
aferrándose el pecho a pesar del dolor que sentía en esa zona. Le llevó
varios minutos calmarse y lograr que su mente dejara de repetir “¡Qué asco! ¡Qué asco!” como
posesa. Las ganas de vomitar y las cuantas agujas pinchando sus venas
no ayudaban mucho. ¿Había sido un sueño? Rogaba que así lo fuera, o de
lo contrario se encargaría él mismo de recortarse el cuerpo en pedacitos
hasta la muerte.



En cuanto por fin logró volver en sí y
tranquilizarse, descubrió que una mujer castaña lo observaba desde un
banco junto a su cama. Era Lust, la tecladista de Pewflexxx.



—Al fin despertaste—le dijo sin cambiar mucho la inexpresividad de su rostro.



—¿Dónde... dónde estoy?



—En un hospital, naturalmente. Acabas de despertarte de un coma.



—¿Eh? ¿Dónde está Pride? ¿Se encuentra
bien?—continuó interrogando mientras los últimos recuerdos se le
aclaraban en la memoria, sin otorgarle especial importancia a lo que
acababa de responderle.



—¿Pride? ¿Quién es ese? En fin, como te decía...
Como no tenías seguro médico, entre todos nos encargamos de pagarte la
internación, en especial Greed. Seguramente querrá que se lo devuel...



—¡¿GREED?! ¡Ese bastardo! ¿Cómo que ha pagado mi
internación? ¿Aún no se ha escapado de la ciudad? No me digas que se
atreve a seguir en la banda...



La mujer suspiró, curvando ligeramente sus
carnosos labios hacia abajo. Envy acababa de reparar en su rostro, más
maquillado que de costumbre, pero que aún así no lograba cubrir unas
arrugas de los ojos que no recordaba haber visto antes.



—Envy, verás... Han ocurrido muchas cosas en este último tiempo—y puso especial acentuación en la palabra “tiempo”, cosa que sí llamó su atención.



—¿Qué...? ¿Qué ha ocurrido? ¡Mierda, dime!



De pronto, la actitud de Lust comenzaba a exasperarlo. ¿Por qué tanto misterio? ¿Qué eran esas muchas cosas que habían ocurrido?



—Envy, has estado en coma durante cinco años.



—¿Cinco... años?—repitió, sintiendo sus labios atrofiándose debido a la inesperada noticia.



—Desde entonces, Greed se ha vuelto el líder de Pewflexxx y, bueno... Nos ha ido muy bien. Ahora somos famosos a nivel mundial.



Si no fuera porque los ojos tienen un límite
natural de abertura, los de Envy se hubiesen abierto infinitamente, de
la misma forma que su boca. Los agudos y aislados sonidos que salieron
de su garganta no llegaron a formar palabra alguna, cosa que de cierta
forma fue un alivio. ¿Qué palabras coherentes podría haber enunciado?



—Además de eso, el estilo ha cambiado un poco...



—¿E-en qué sentido?



De pronto sintió miedo. Como si hubiese cometido
un terrible error al formular aquella simple pregunta. Sí,
probablemente, antes de conocer la respuesta, deseó que Lust nunca
respondiera.



—Ahora tocamos pop. De hecho, en nuestro último concierto nos presentamos junto a La Oreja de Van Gogh...



—¡¡NOOO!!
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:39 pm

Por segunda vez,
se despertó en una fría y blanquísima habitación hospitalaria. En esta
oportunidad no había gritado “realmente”, sino que lo único que oía era
el aceleradísimo latido de su corazón y a una máquina marcando su pulso.
Estaba vivo.



—¡Wow! ¡Está vivo, está vivo!—alguien dijo. Era
la voz de Gluttony, quien, sentado junto a la voluptuosa Lust, agitaba
las manos. Ninguno tenía arrugas, afortunadamente.



—¿Hace cuánto que estoy aquí?—se apresuró a preguntar.



—Hola, buenos días, ¿no? Hace cinco días.
Estuviste muerto durante un minuto. Me pregunto si te habrá afectado de
alguna manera...



Lo primero que Envy pensó fue que si de verdad
había estado muerto, entonces aquello traía peores resultados que el
estar drogado. No deseaba repetir tal experiencia. De repente se dio
cuenta de la canción de La Oreja de Van Gogh que sonaba desde el
pasillo.



—¡Uff! Encima de tener que estar aquí,
muriéndonos de aburrimiento, nos ponen esa música maricona—se quejó la
mujer.— Envy, más te vale que después de esto nos invites mucha cerveza.
Oh, y también te conviene ir buscándote un nuevo guitarrista si no
quieres que Pewflexxx quede acabada.



Un escalofrío recorrió la espina dorsal del
peliverde. Tanta pesadilla y cosa maricona le había hecho olvidar por un
momento la fatídica madrugada que había terminado por dejarlo en el
hospital. Muerto. ¿Qué habría sido de Pride? Tenía miedo de preguntar.
Se le ocurrían varias razones por las que podría haber perdido a su
preciado rubio.



Otra vez fue sacudido por un temblor. Se acordó de su rubia atacante y del insólito lugar que había ocupado en su sueño.



Asco.



—Lust... ¿sabes algo de Pride?



—¿Pride? ¿De casualidad te refieres al bonito
chico rubio que te acompañó aquí? Estaba lastimado también y debían
atenderle su herida, pero él quería quedarse contigo. Obviamente, como
no era familiar tuyo ni nada, no se lo permitieron, aunque estuvo un
buen rato gritándoles que era tu hermano. Curioso, ¿no?



—Y tú... ¿cómo sabes todo eso?



Lust dejó escapar una risita.



—Cariño, llevo más de dos horas aquí, y las enfermeras hablan hasta por los codos.



En el momento en que decía aquello, una joven
enfermera entraba a la habitación, dirigiéndole a la mujer una mirada no
muy amistosa.



—Ha concluido el tiempo de visitas. El paciente debe descansar.



“¿Descansar más?”, se preguntó el
paciente. En realidad sentía como si tuviese la peor resaca de su
existencia(bueno, quizá no la peor), pero detestaba los hospitales y
deseaba largarse de allí lo antes posible.



—Bien, nos vemos en cuanto te cures, cosa que
espero que sea pronto. Adiós—se despidió la tecladista, dedicándole un
beso en el aire mientras caminaba hacia el pasillo.



—Lust, Lust, ¿podemos ir a casa de Greed a comer palomitas y jugar videojuegos?



—No, Gluttony. Te dije que ya no volveremos a ver a Greed.



Afortunadamente, la recuperación no tardó mucho
más. Al siguiente día Envy fue dado de alta, y abandonó el hospital con
mil dudas y angustias carcomiéndole la mente. El sol brillaba
enérgicamente en el cielo, provocando extraños espejismos en la
contaminada urbe. Mientras avanzaba, a paso muy lento, le dio la
sensación de que hacía siglos que no iba a su casa. Como si aquella
madrugada en casa de los Elric hubiese durado cien años.



Estaba muerto. Hohenheim estaba muerto. Debía vivir con esa realidad.



Cuando colocó la llave en el picaporte, se dio
cuenta de que la puerta de su departamento se hallaba abierta. Luego
recordó que la última vez había salido con tanta prisa y nervios que se
había salteado cerrarla con llave. Tuvo suerte de que nadie se hubiese
percatado de ese pequeño detalle. Todas sus pertenencias seguían allí,
revueltas en el desorden acostumbrado. El tiempo parecía no haber
avanzado en su ausencia.



Sus pesados pies lo llevaron a la única habitación, donde la luz permanecía encendida.



—Me cago en Dios... La energía me costará una millonada.



Resignado, oprimió el interruptor para apagarla, y
luego encendió el equipo de música con la esperanza de calmarse un
poco. Colocó en la lectora de discos compactos el de Pewflexxx, el cual
habían grabado hacía un tiempo de forma independiente y se vendía
actualmente en unas cuantas tiendas. Sin embargo, apenas comenzó a sonar
la guitarra recordó algo desagradable y presionó el botón de stop.



Antes de ponerse a resolver cualquier asunto, a
pesar de que tenía varios urgentes, anhelaba dormir una larga siesta.
Fue al acercarse a su cama que reparó en los brillantes mechones rubios
que se asomaban entre las sábanas. Semejante descubrimiento lo dejó
estupefacto. ¿Cómo era posible?



Se trepó al colchón con cuidado, y en el proceso
de taparse dejó al descubierto la blonda cabellera y media espalda
desnuda. Sus manos se apresuraron a tocar aquella suave piel, celosas de
los rayos del sol que la acariciaban tibiamente. Sus labios tampoco
permanecieron tranquilos; comenzaron a dejar una hilera de besos
siguiendo las pequeñas vértebras de la columna curvada hacia adelante.
Frente a dichas caricias, el muchacho se vio arrancado de los brazos de
Morfeo, girándose para encarar al responsable.



—Envy... —susurró, apenas separando los párpados. —¿Estoy soñando?



—Quién sabe—le contestó, abriéndole los labios con los suyos para fundirse en un profundo beso.



—Creí que habías muerto...



Su respuesta fueron más y más besos,
desparramados éstos por su boca y su rostro, por su cuello y su pecho.
Allí descubrió la herida aún no cicatrizada que tanto se parecía a la
suya. Qué poco cuidado había tenido al arrancar el cuchillo de tan
tierna carne. Quizá la cicatriz hubiese sido de menor tamaño de haber
omitido esa acción. Pero le gustaba su forma y su dimensión, y sentía un
poco de orgullo al contemplarla. Siempre habían sido de su agrado las
cicatrices. Lo enteramente virtuoso y uniforme le aburría.



—¿Qué haces aquí? ¿Cómo encontraste mi
departamento?—quiso saber mientras lamía uno de sus pezones. Pride cerró
suavemente los ojos, exhalando un suspiro.



—¿Acaso... me subestimas...? ...



Por supuesto que no lo subestimaba. Cada vez le
quedaba más claro que, de lo contrario, estaría cayendo en un grave
error. El rubio tampoco tardó mucho en encontrar el vendaje que cubría
la herida que por poco lo había enviado a la tumba.



—¿Te duele? Se te abrirán los puntos si haces fuerza con los brazos para mantenerte encima mío. ¿Por qué no te sientas?



—Si sigues siendo tan compasivo conmigo, me harás enfurecer.



—Anda—le insistió, colocando las manos alrededor de su verdosa cabellera. —No seas tan terco y siéntate.



Envy obedeció, sentándose al borde del colchón y
apoyando los pies en el suelo, no tanto a son de su salud, sino más bien
por el tono travieso en el que se lo había pedido su amante. Éste, una
vez conforme con su posición, se arrodilló frente a él y comenzó a
masajearle el sexo por encima del pantalón.



De pronto se dio cuenta de que todo parecía
enrarecido. La habitación, las respiraciones agitadas, los esporádicos
jadeos, la luz clara que entraba por la ventana. Como si las cosas se
hubiesen hundido en una quietud y una paz irreales. Como en un sueño.
Quizá fuera cierto y él estuviese muerto. Pero qué importaba si se
encontraba realmente en la Tierra o en el Infierno mientras pudiera
seguir sintiendo las manos de Pride quitándole la ropa con aquella
paciencia insoportable, y su cálida lengua humedeciendo su miembro.



Ni siquiera la muerte de su padre parecía afectarle tanto. ¿Era correcto que todo aparentara estar tan bien?



—Envy... —la vocecita ansiosa de Pride lo distrajo de sus inútiles cuestionamientos. —Te quiero dentro de mí...



Antes de cumplir con aquel deseo que latía
dolorosamente en la mente de ambos, volvieron a besarse, acariciándose
con la punta de los dedos. Luego, el rubio se incorporó, acomodando las
piernas alrededor de las de Envy.



—Voy a hacerte gritar, Pride—le advirtió al oído.



En cuanto el peliverde sintió que su amante
comenzaba a penetrarse, no pudo evitar caer en la tentación de levantar
las caderas para hundirse por completo en él. Tal como había predicho,
un exquisito y prolongado gemido terminó con la quietud del ambiente, al
tiempo que dos brazos se aferraban con fuerza alrededor de su cuello.



Sus heridas comenzaban a doler y a tirar
peligrosamente, pero eso no produjo que se detuvieran o siquiera que
aminoraran el ritmo. El cuerpo del rubio, cubierto de sudor, realizaba
ondulantes movimientos hacia arriba y hacia abajo, contrayéndose con
fuerza cada vez que tomaba por completo el sexo dentro suyo. Se veía tan
increíblemente hermoso...



Entonces Envy decidió que no deseaba que aquello
acabara pronto, así que tomando al otro por la cintura lo recostó boca
arriba sobre el colchón para volverlo a penetrar, con más calma, en esa
posición. La almohada ahora se veía cubierta por mechones de cabello
dorado y esmeralda perfectamente entremezclados. Terminaron de esa
manera, fusionados en un cálido abrazo, apretando como si quisieran
derretirse uno dentro del otro.



Se dejaron caer sobre las sábanas revueltas,
exhaustos, procurando recuperar el aliento mientras no dejaban de lado a
las caricias.



—Oye, Pride—le dijo, hallando entretenido
recorrer el tabique de su nariz con la yema del dedo índice. —¿De
casualidad sabes tocar la guitarra? Porque Pewflexxx no podrá volver a
presentarse si no conseguimos un nuevo miembro.



—Um... Asistí a clases de pequeño y en la escuela tenía una pequeña banda.



—Je, con eso me basta. Lo agregaré a la lista de
cosas que tengo pendiente enseñarte—declaró, torciendo la boca en una
sonrisa maliciosa.



La somnolencia comenzaba a adueñarse de ambos
muchachos, ejerciéndoles pesadez en los párpados relajados. Antes de
dejarse vencer por el cansancio, Envy comenzó a tararear una nueva
melodía que acababa de ocurrírsele. Enseguida supo que jamás se había
sentido tan satisfecho luego del sexo. Por primera vez en su vida, había
hecho en la cama el amor, y no la guerra.



¿FIN?
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   Mar Sep 06, 2011 5:40 pm

Eso mismo... ¿Fin?

¡No! No es el final... Porque este fanfic tiene continuación y se llama Sodoma
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MensajeTema: Re: Relatos Mios 2 "ROCK"   

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